La brillante ave amarilla contempla, desde su libertad, la tenue luz de su constelación a través de una densa cortina de luz crepuscular.
JUAN CERBERO.
El Caballero de Plata apareció en la entrada de la casa del viejo Walter, haciendo resonar su armadura oxidada y sucia.
-¡Condenados infieles! Gritaba enfurecido el Caballero luminoso, mientras blandía su ridícula espada.
-¿Cómo podéis llamaros hijos de Dios o de Satán?, vulgares entes sin alma. Vuestro sufrimiento se halla ahora en mis manos y de allí no se moverá hasta que el cielo dé su señal. He visto casos patéticos en mi largo trasegar, pero vosotros, dejadme que os diga…
Ante tan obscuras barbaridades replicó el viejo Walter con igual entusiasmo:
-Dejate de pendejadas, Tenorio, que no te falta mucho pa’ estirar la pata. Estás desafiando a la muerte misma y es ella o esa la que va a venir a calmar tus ánimos bélicos. Guardá ese machete y vení conversemos.
-¿Cuál machete?, ignorante!, esta espada fue fundida y refundida en los fuegos mismos del infierno. Y ahora con su nuevo cuerpo será la perdición de vuestras mercedes, que habéis osado burlaros de mis palabras, indolentes y necios.
-¿Pero vos a quien le hablás, Tenorio?, si aquí sólo estoy yo y mi perro Juancho, que de lo viejo y cansado ya ni levanta pestaña; hasta pañales ha de usar el pobre, porque ya no controla esfínter.
-¡Callad, insolente mortal! No os he concedido el privilegio de la controversia y mucho menos han de interesarme las dolencias de tu horrible cancerbero. Recibid el filo de mi espada con profunda gratitud.
No bien hubo el Caballero de Plata terminado su discurso quijotesco, cuando de la funda hechiza de su espada o machete, surgió un aullido indescriptible que dejó paralizado al Caballero y boquiabierto a don Walter, que haciendo de tripas corazón, tragó saliva espesa y se persignó tres veces automáticamente, como lo aprendiera de su tía Irene, desde la más tierna pubertad.
Juancho el perro, sordo y mueco, profirió una especie de quejido hueco e incierto. Pero Walter, convertido ahora al Cristianismo repentino, reconoció en el quejido de su perro, la advertencia de una fuerza sobrenatural, a la que el viejo Walter, inerme, reaccionó postrándose de rodillas a orar y a chillar.
Tenorio, o el caballero de Plata oxidada, asumió el rol de verdugo y mochó de un tajo la cabeza de Walter, su hermano y curador.
Pero entonces sucedió algo extraordinario: Del amellado filo de su machete-espada, comenzó a brotar la sangre que su hermano Walter debió haber derramado y no lo hizo. Con el rojo líquido, una voz nítida y entrecortada, como ahogada a intervalos por gárgaras sangrientas, discurrió así:
-Tenorio, hermano mío, dejá al perro vivo para que tu alma permanezca intacta. Mi alma nada tiene que reprochar, pues fui yo quien te llevó a tal estado de demencia con mis cuentos de falacia y mis muchas noches de cantina, desatendiendo mi obligación de curador. Dejá al perro morir de viejo, que yo he obtenido mi merecido castigo.
Adiós Tenorio, hijo de mi madre, padre de mis hijos. Te queda esta casa y este perro pa’ que te haga compañía. El fantasma de mamá Antonieta te hablará al oído y te relatará bellas historias de tiempos remotos y de tierras lejanas.
Tengo el vicio de aparecerme en los rincones. No estoy muerto Tenorio, esta ha sido mi última maldad.
Quiero que sepás que crié a tus hijos con el mismo amor que te tengo y que le tengo a Juancho, mi compañero por más de treinta años. Salud, hombre!, este vino sí que sabe bueno.
Tenorio, acostumbrado a oír hablar a los objetos y a los muertos, respondió sin ceremonias y con el rostro amarillo por la revelación de la edad de Juancho.
-Os agradezco, viejo Walter, por vuestras póstumas palabras y el que me hayáis confiado el cuidado de vuestro perro y de vuestra casa. Pero es a vuestra mujer a quien con mayor entrega dedicaré mis últimos días. Y con ella danzaré las historias fantásticas de Mamá , y por ella cuidaré a Juancho, el cancerbero, mi amigo.
ALEJANDRO ALBAN ALVAREZ
MUDO
Humo y Humanos .
¿Alguna vez se han preguntado por qué fumamos los humanos? Aquí, una hipótesis.
Fumar es medir, inconcientemente, el tiempo que se demora el fuego en llegar hasta la boca.
En otras palabras, fumar es evocar el primer aliento de vida, doloroso por lo nuevo y ardiente por lo externo.
En el momento de nacer, nos sentimos ahogados por el aire, que inaugura nuestros pulmones de manera traumática y definitiva.
¡Nos sentimos morir! De hecho, hemos abandonado la vida líquida intrauterina, para dar paso al mundo gaseoso, etéreo,de la mente.
Encender un cigarrillo nos devuelve al estado de ansiedad pre-natal:
-La luz se acerca, la ansiedad crece, el temido momento toma forma. Nos complacemos en la repetición de aquel instante terriblemente glorioso, en el que la vida nos arrebata de las entrañas de la eternidad, para entregarnos al mundo transitorio del espacio-tiempo; al mundo de los relojes y de los cigarrillos.
Sentimos un alivio especial al terminar de fumar: la ansiedad se apaga por un rato, ya que no nos ha sobrevenido un cambio significativo: Seguimos aquí!
Cada cigarrillo que se extingue es un falso triunfo sobre la muerte y una obstrucción real del primer recuerdo; es una negación!
El humo simboliza nuestra vida humana y pasajera; representa lo inasible del tiempo y por lo tanto,de nuestra mortal existencia.
Nacer significa trascender al plano etéreo.
Tal vez ya estamos en el reino de los cielos.
Quizá ya estamos muertos y no lo sabemos; sólo vamos recogiendo pasos y recuerdos…
Entonces, ¿por qué nos seguimos consumiendo?
Alejandro Albán Alvarez.
salvolando@gmail.com
¡BE-LIVE!
(to Kurt Cobain’s memory)
“Nature is a whore…”
¿What if this body of mine is actually a projection from my mind as a biologically powerful design to make me believe my own existence?
¿What am I, then?
¿What is mine?
¿What if one Almighty mind is all there is?
¿Should I cease, then, to exist?
¿Or should I trust these ghostly signs?
¡Nevermind!
By:Alejandro Albán Alvarez.
Ave y Nada
El mito de Adán y Eva ha sido deformado durante largas épocas para dividir las mentes y las voluntades de los creyentes.
La verdad es que el truco consiste en presentar los elementos opuestos del relato como antagonistas destinados a la exclusión mutua: el varón y la hembra, el bien y el mal, lo divino y lo humano, obedecer o no, son ejemplos de polaridades mórbidas en la fábula.
La serpiente aparece como unidad disociadora; el único elemento que no tiene par, resulta siendo el factor maligno en la ecuación bíblica. Como la forma en que funciona nuestra mente racional es por asociación de dos ideas ( lógica binaria ), el hecho de que aquella se vea forzada a aceptar como cierta la facticidad del relato en cuestión, instala en sú sistema un conflicto constante, con el cual cada quien deberá vivir y tratar de hallar su felicidad. Dicho conflicto tiene lugar debido al error de asignar un rol maligno a uno de dos elementos en cualquier tipo de situación real o imaginaria, inaugurando así el concepto de pecado y su consecuente noción de culpabilidad.
Siguiendo en este orden de ideas, es natural preguntarse si para conocernos necesitamos un factor externo a nosotros: el otro, el semejante. Suponiendo un estado de aislamiento y privación de todo contacto humano o interacción con el prójimo, nos veríamos en la obligación biológica de interactuar con lo desconocido, para dar algún sentido a la existencia.
Pensemos en la imagen de un punto gráfico; instantáneamente debemos asumir otra existencia inferible de la de aquel punto: la del elemento creador del mismo. Algunos nombres que le damos a lo desconocido son: Dios, la Nada, la Totalidad, El Universo, la vida y la muerte, la realidad.
La separación de la serpiente.
Le llegó la hora a la serpiente, y su muerte significa división, polaridad, ahora son dos las serpientes, una viva en la memoria y la otra muerta por acción de lo desconocido, en carne y huesos descompuestos.
-Una serpiente = vida, dos serpientes = muerte.
Quién querría ver dos serpientes? Respuesta: El Poder Creador, la Nada, lo desconocido; ya que de la separación y muerte de la serpiente se ha originado la vida en forma de una cadena doble de ácidos moleculares.
Alejandro Albán Alvarez
El gato de Maruja.
El hada de mis pesadillas quiso convertirme en vino tinto porque tenía sed y quería olvidarse de mi amor.
Sin embargo, mi configuración molecular y predisposición genética se lo impidieron; un hada tiene sus poderes restringidos a estrictos parámetros y límites.
Por ejemplo, yo propendo a convertirme en aire, en humo o en fuego con más facilidad de lo que jamás podría hacerlo en vino o en agua.
Mi hada tomó este fracaso personalmente y trató de transformarme en rata como venganza, pero fracasó de nuevo. Mi idiosincrasia no es de rata, ni de alcohol; ni de víctima.
-¿Por qué no usas tu botellita mágica para cambiarme por algo que vaya más con mi personalidad?, le dije al hada, como una vela, o un cigarrillo hilarante, o un globo de colores inflado con helio para
transmutar nuestras voces en una explosión de risas.
-Porque vino es lo que bebo, contestó ella, y vino beberás hasta convertirte en vino. Tus cigarros no me quitan la sed, ni la memoria, ni la tristeza; y por los poderes que me confiere esta botella, te ordeno que
entres en ella y apagues mi sed de amor y de amnesia.
-Transfórmate tú en vino y siente la embriaguez de retornar a tus orígenes. Hazte un útero de vidrio y déjate amar plácidamente en tu líquido elemento, mi bella vampira bíblica bebedora de almas; fúmame o
abrásate en mi abrazo, embriágate con mi buen humor, pero no intentes precipitar mi esencia, ni pervertir mi espíritu con elefantes rosados, de no ir estos rebosantes de helio.
-Hablas incoherencias, humano. No toleraré la irreverencia de un ser en todo inferior a mí, dijo el hada impaciente; ¿Crees que no tengo el don de volar? Recuerda que soy el hada de tus pesadillas; no te atrevas a
despertar o sabrás a que sabe la soledad sin tus miedos y malos sueños. No soportarías tanta luz!
-Eso crees tú, vampirita, repliqué.
En esto estábamos cuando apareció Alejandro, el gato de mi vecina, que había entrado sigiloso como el viento por mi ventana y, sentándose a mi lado, dijo:
-Ustedes dos sí que se complican la vida.¿Por qué no se miran al espejo y descubren lo ridículos que se ven discutiendo sobre las propiedades de la materia?
-Y desde cuándo eres parlante, Alejandro?, le pregunté al gato, y mi pregunta sonó con eco en mis oídos.
Miré al espejo que colgaba junto al hada de mis pesadillas y la vi a ella reflejada frente a mi reflejo y paralizada de miedo por Alejandro, que se empinaba y erizaba a propósito para hacer huir a mi hada,
muda y fría.
-Sube a mi lomo, Alejandro, dijo el gato. Sube y vámonos a los tejados.
-¿De qué estás hablando? Si tú eres Alejandro el gato de mi vecina; y tu lomo no soportaría…
-Tú eres Alejandro, alegó el gato y, si la memoria no me falla, tú vives en las montañas con tu dueña Maruja; y no tienen vecinos. Además soy una hembra. Vamos, sube!
Un sonido blanco y líquido me arrebató de aquel extraño acontecimiento onírico.
Abrí mis ojos aperezados y vi al gato que vive al otro lado del espejo intentando lamer mi rostro. Devolví aquel tierno gesto y lamí su lengua mientras Maruja llenaba mi plato con deliciosa leche tibia.
-Hoy volaremos sobre los tejados, Alejandro, bebe despacio; presiento que encontraremos una compañera para tí.
-Anoche la vi, le contesté a Maruja. Era hermosa y tú estabas allí también; eras mi hada madrina y querías celebrar.
-Sube a la escoba ya, amor, dijo mi dueña.
Alejandro Albán Alvarez.
salvolando@gmail.com