POSIBILIDADES REMOTAS -
Espejo para solitarios
Reseña por: Jorge Valbuena
Solos. Xavier Oquendo Troncoso
Colección literaria Almuerzo Desnudo. Manabí – Ecuador: Editorial Mar Abierto: 2011.
Deshabitados, secretos entre nuestros secretos, salimos a poblar el día. Los solos se ocupan de todos los detalles, escampan bajo los aleros de su propia tempestad sin dejar que sus truenos traspasen otras memorias, las mismas que se desatan ante un reflejo o un atisbo de azar. Los solos tropiezan con otros solos y se levantan las veces que requiera el silencio. Cae la noche en sus senderos y un laberinto de hielo les nace desde sus heridas. Los solos saben conversar con sus espejos, mientras vuelven las caídas, mientras gotea en el fondo de sus alforjas un nombre que los condena a ser la nueva sombra de sus sombras, la nueva especie que desnuda los límites del tiempo en busca del humo y de la cicatriz.
Como un eco de nuestra huella queda este piélago de sombras encendido, auscultando las absoluciones que nos hemos prodigado, las visitas a nuestra soledad, el ardor desenfundado de la sílaba exacta, el recorrido por las páginas de este libro como por un espejo de piel recién tallado. SOLOS, la más reciente obra publicada del poeta Xavier Oquendo Troncoso demarca las orillas de nuestra heredad, la soledad como punto de partida, como punto de llegada y eslabón de nuestro más íntimo misterio: la ausencia de nosotros mismos.
Desde el inicio de su marcha la soledad se propaga como un viento que nos desnuda, dejándonos a la intemperie del mundo con nuestros despojos, los mismos que hemos ido acumulado en tantas lunas rotas. Un epígrafe de Eduardo Galeno, que lleva el mismo título del libro, abre el panorama al universo de los solos. Con un registro que delata las fisuras que deja el tiempo, los rezagos de los días, las máscaras de la ausencia, nos involucramos en una certeza que poco a poco se va adueñando de nuestros vacíos, la cotidianidad en la que nos anclamos para acostumbrarnos a nuestras caídas. “Voy con los miedos/ por esos senderos/donde solo parece oírse/ cómo reclaman, en el viento,/ las brisas que se juntan para amarse.” Un soneto se ocupa de mantener un diálogo con otros tiempos, después un escaño minimalista continúa el canto. Una voz que pretende ser individual, indiferente al lector, puesta en un lugar desconocido, se apropia paulatinamente de aquel que se desliza por sus páginas. Una suerte de rapto se desata en el primer capítulo Solos, durante el lapso del primer apartado: Una sola voz, al segundo: Todas las voces.
Allí ese murmullo que pretendía ser secreto se convierte en eco, y acaso un estruendo empiece a ocupar sus páginas, el de nuestra condición de solitarios. La voz que ahora nos delata sugiere una cartografía del espacio habitado por los solos: las avenidas, los trenes, los laberintos, los reflejos, los catálogos, los bancos, las escaleras. Como una especie que merece ser analizada milimétricamente, este primer capítulo se encarga de indagar, como en una taxonomía, el carácter de ausencia del solitario, los motivos de su despojo. “Cerca de la avenida repleta de silencios/ viven todas las familias de los solos./ Unas son ciegas. Otras han perdido/ el olfato y amaestran un perro/ que les sirve de lazarillo.” Su condición de solo para el solo no depende sólo de aquella niebla que se posa en su interior, su nostalgia y sus dolores, eso que convive con su silencio, sino también con ese afuera que los amenaza, que los conmina a ser demasiados y a preservarse entre leyes costosas que ponen precio a su soledad.
El adentro y el afuera, lo público y lo privado, lo secreto y lo confeso; todo ello se mezcla en el universo del solo, siendo lo que determina los rasgos de su especie. Especie que se va adaptando a la carencia de lo que se extingue, al delirio que nos ha sido impuesto por los cables con que ahora nacemos atados a nuestras caricias. SOLOS tiene como escenario este nuevo entorno, que no sólo ha cambiado la forma de relacionarnos con el mundo sino también la forma de identificarnos, de hallarnos, de ser. La relación con la máquina y el aparato, que ha hecho que nos alejemos del otro tras un telón donde un bullicio de espectros indaga en silencio el nuevo ciclo de la vida, el de nuestra soledad acompañada por otros solitarios que miran pasar sus sombras desde una ventana desconocida que los conoce profundamente.
El segundo capítulo Nacimiento del dolor desata la incertidumbre. El solo que ahora conocemos detalladamente pone en escena sus deseos y los embriaga de pesadumbre. Como si todo esto de lo que está compuesto el solitario entrara en contradicción con su carencia. “Hay un niño enfermo en mí/ que me corroe/ que se rompe y se manifiesta/ en el exabrupto de mis horas secas./ De mis llanto secos. De mi culpa seca.” La voz que antaño recorría las grietas del día es ahora un amasijo de senderos que se entrecruzan con el recuerdo y la condición de seguir siendo a pesar de lo recorrido, delatando el sentimiento y la emoción como elementos que determinan nuestro paso por el mundo, hallazgos imprescindibles de nuestra condición humana.
El rapto en este punto se ha consumado. Ya no hay una sola voz, ni es la del lector, ni la del poeta, somos muchos los que aparecemos involucrados en este libro, quizá como culpables o sometidos, la soledad a esta altura ya es un cielo despejado que nos cubre a todos. Las tormentas siguen adentro, bajo el silencio con que baja nuestra saliva al saber que nos hallamos en alguno de estos versos. “Todo ha sido un mar de limonada/ para echarle a la pus de las fracturas/ y terminar esta infección del alma.” Un estrago que nos delata compartidos, solos y consumidos, lunáticos de nuestras lágrimas rotas. Nos posamos así en el tercer capítulo La posta, donde un poema largo, dedicado al padre, nos pone en otro acertijo de la memoria: los que hemos sido, los que seremos. El solo despunta de otra soledad, como queriendo mantenerse bajo la tempestad de su atadura, espina de su amor en otra parte, la heredad que le pertenece a su presente. Las cenizas que se poseen y deben seguir cabalgando en el viento. “Tarde o temprano/ seré padre de mi padre./ Me acercaré al lado próximo de su sombra/ y comenzaré a renacer en su mundo de armas./ Manipularé la figura de sus genes. La razón de su causa y el efecto/ de sus circunstancias./ Aprehenderé de sus ramas/ y del fruto azul que encaja en sus raíces.”
El cuarto capítulo Esto fuimos en la felicidad, convoca al recuerdo como presencia, manifestación que se conserva como atadura o cicatriz. Reúne un conjunto de poemas de su libro publicado bajo el mismo título en el año 2008. En él los deseos vuelven a aparecer con el furor de su apariencia, sin la resignación que el dolor le ha destinado en otras páginas. “La esquina donde hoy crece un eucalipto/ era antes el café de nuestras horas./ Allí vivimos noches y mil y una,/ allí asomó Aladino y su mal genio,/ allí éramos más grandes que el destino.” Desde este capítulo el libro adquiere una condición de caleidoscopio, se detalla en dos caras, como la contraparte del que se asume solo pero conserva todos los espejismos de su pasado. Una libertad desaforada, un despliegue de azar y de costumbre, un hechizo de anhelos y apetitos, un orgullo siniestro que cabía en el orbe de Los Bíblicos, esa tribu que se incendió a sí misma multiplicando los panes y los peces de su resurrección.
Nostalgia del día bueno es el capítulo final, en él aparece la cotidianidad en un conjunto de estampas que manifiestan lo que han dejado los instantes, como evidencias de las múltiples metamorfosis que ha tenido la soledad. Los espacios definen la forma como se conserva el recuerdo, el clima con que nuestro presente abriga cada uno de sus retornos. El frío, el sol y la nieve comparten un mismo territorio, el largo trecho de sus apariciones alcanza a extender al presente la emoción de su origen. “El sueño,/ la nieve,/ esa nube de hastío que se repite/ en los mismos rostros;/ la misma calle de la ciudad/ que alguna vez/ fue cuna del encantamiento.” Migraciones que en presencia del anhelo conservan su andadura recobrada, el recuerdo como sangre del solitario, como su lava. Algo guarda silencio y un murmullo ocupa la última página, como una crepitación de algo que perece para su inicio.
SOLOS cobra su identidad de palíndromo al completar las cinco partes que lo integran. Inicia en el presente de un individuo transformado, alienado, condenado, pero que a la vez conserva las emociones de otra época, algo que resiste en su vacío, nos posiciona en los motivos que desde el exterior lo condenan; termina en el retorno, en el recuerdo, en su interior, el solo se mira desde el fondo de su inquietud, con los rezagos que han ido quedando de su devenir hasta el nacimiento. Xavier Oquendo explora así diversas dimensiones en este libro, el tiempo como reflexión del instante, anunciándonos que este no se trata de algo pasajero sino que contiene las huellas de otros abismos. El lenguaje como manifestación polifónica, en él permanece el solo que representa a los demás, su condición plural, la voz pasa de la forma clásica (el soneto) al poema de largo aliento y al verso desatado, libre, minimalista. Se halla también una reflexión por el carácter de pertenencia que puede tener un poema, ya que en este libro el lector se halla prolongado al nivel de enunciador debido a los rasgos que lo determinan y al entorno mecanicista que lo modela. SOLOS es un libro cuidadosamente labrado, que parte de una mirada del presente que no niega el pasado, sino que trata de conservarlo como un pilar del ser humano ante los mecanismos que lo condenan al olvido y a la muerte.
***
)3(
Los solos comen la tristeza
y ahuyentan a la gente
con el olor de su potaje.
Están siempre esperando
que los acompañe
esa mísera persona
que los habita,
mientras el tren pasa.
)7(
Es solo el que se anuda la corbata
y vierte en el espejo su reflejo.
Se va mirando azul en un perplejo
golpe que da la luz y lo desata.
Solo es el que se esconde en su garganta
y busca otro sonido que lo acoja.
En su coraza vibra como hoja
que vuela hasta otro otoño que lo arranca.
Aquí estoy yo de solo, solamente,
incrementando el surco a la corriente
que escapa de su ostra mala traza.
Y aquí me quedo solo como el Cristo
que quiso ser humano y quedó listo
para llenar la alforja de su caza.
)8(
Allí viven dos solos
que han decidido desunirse del sistema.
Quieren poblar sus soledades divididas,
cortadas por el hacha astuta
de Dios –principal solitario
que nació de nuestra semejanza-.
RECUENTO DE LOS HECHOS
Todos nos fuimos.
Atrás se escucha el torpedo de la fiesta,
la corona roja de los bares,
el aguardiente azul que nos amaba
y la marcha desigual de la jarana.
Después, la madrugada con olor a miel.
Los amigos dormidos, amontonados
como un pozo de trinos,
como un manzano cargado.
Éramos todos, solo el viento era solo.
Los demás, los otros nosotros,
éramos uno en la soledad del nuevo día.
Nos dolíamos juntos y eso era la felicidad.
TÚNEL DE INVIERNO
Se abren y se cierran las puertas
de estos metros insensibles
que cubren toda nuestra ceniza.
Todos subimos y bajamos las escaleras
de una boca de metro
que se lleva los poros invernales
de nuestros húmedos cuerpos.
Llegamos, por fin,
a los túneles vetustos
que traspasan los trenes
todos los días de su trajinada,
mecánica,
bulliciosa
vida.
Los túneles infames
siguen ocultando
el cruel rostro del incendio.
***
Xavier Oquendo Troncoso (Ambato, Ecuador, 1972). Periodista y Doctor en Letras y Literatura. Ha publicado 8 libros de poesía. Su obra poética está recogida en Salvados del naufragio (poesía, 1990-2005); En narrativa: Desterrado de palabra (Cuentos, 2000, 2001). Antologías: Ciudad en Verso (Antología de nuevos poetas ecuatorianos, 2002); Antología de Nuevos poetas ecuatorianos (2002). Literatura infantil: El mar se llama Julia (novela, 4 ediciones) Su último libro de poemas es Esto fuimos en la felicidad (Quito, 2009). Representante del Ecuador en importantes encuentros poéticos y literarios en España, México (“Primer Encuentro de poetas del mundo latino”, -Oaxaca, 1998-), Colombia, Chile y Perú. Premio Nacional de poesía, en 1993. Es director y editor de ELANGEL Editor. Parte de su poesía ha sido traducida al italiano, inglés y portugués. Publicó recientemente su libro Solos.
PIEDRA NEGRA SOBRE UNA PIEDRA BLANCA
21 nuevos escritores leen 21 poetas latinoamericanos
(Primera Parte)
El pasado 4 de Agosto de 2011 en la ciudad de Bogotá – Colombia, se reunieron 21 voces de las nuevas letras de este país, con la intención de hacer un recorrido por la tradición literaria contenida en la obra de 21 poetas latinoamericanos. Este evento, titulado con las palabras de uno de los poemas más representativos del poeta peruano César Vallejo, fue un motivo de encuentro con nuestra memoria e identidad, bifurcaciones y senderos sin tiempo que se mezclaron para crear una sola voz, que transcurre, en esta primera oportunidad, desde César Vallejo hasta la poeta uruguaya Ida Vitale.
Este evento, organizado por el Colectivo literario La Raíz Invertida cuenta con dos momentos. Cada uno de ellos se realiza con la lectura de 21 poetas latinoamericanos, en la voz de nuevos escritores. 42 poetas es un número que se queda corto para la gran magnitud poética que tiene Latinoamérica, sin embrago esta selección se realizó teniendo en cuenta un criterio unificador que diera una muestra del recorrido que ha seguido la palabra que nos retrata desde los lugares del tiempo donde hemos estado presente con la lengua que nos alcanza y nos define. A propósito de este primer recital de poetas latinoamericanos surgieron las siguientes líneas:
EL TIEMPO ES TODAVÍA
Distantes parecen ahora las piedras sembradas desde el inicio. Inicio que es difuso desde las claridades marchitas que nos han decretado, origen aún desterrado de todo universo que pueda determinar un punto de partida. La lengua ha sido carabela, monje, desierto, agonía, golpe de estado, ojo de cerradura, caverna de viento, temblor de hoguera, y en su largo éxodo hasta nuestra incertidumbre, ha ido convirtiéndose en lenguaje, en marea que trae hasta la orilla el color de la profundidad.
Latinoamérica ya no es un puente, los vientos que atraviesan los extremos confunden sus orillas. La unidad lingüística que ha revelado la riqueza dada por los aportes locales, el habla particular de cada una de sus riberas, el lamento y el canto llevado del valle hasta la altura, la brisa del silencio tallada en las calderas, la alforja de los bosques sembrados en la piel, el sol que ahora despunta desde la continuidad de nuestra herencia, han recreado un nuevo origen, una nueva libertad. El sentido unitario que llevamos en la huella, se revela ancestro permanente, penumbra secreta, morada de fuego. Dialogamos con la esencia de nuestro origen y allí avanza el rumor de nuestra poesía.
Como en muchos ámbitos de nuestra cultura aceptamos fielmente los modelos que nos impuso la colonización, la evidencia de mezcla que se encontraba en todos los senderos se cubría con silencio y se demarcaban rutas estrictamente unidimensionales. En la poesía, algunos vientos empezaban a tornarse transformadores. La aparición de Rubén Darío revela una posibilidad de intercambio, llegando a ser influencia en las letras de la península y de algunas de las corrientes presentes en Europa, develando nombres y obras como las de José Martí y José Enrique Rodó y más allá de esto, una madurez en la palabra que dejaba de ser obligación.
Así se rompe el esquema historiográfico nacional, y se inicia una primera etapa de lo que demostraría una posibilidad de exploración de la identidad, de descubrimiento de nuestros límites y concepciones en el lenguaje, llevando a los nuevos creadores hacia una revelación del acto poético no sólo como un fenómeno estético de la lengua, sino también de algo que ya nos pertenecía fuera de toda muralla y abismo: el habla. Esto que llevábamos como máscara y descubrimos como nuestra piel y conquistamos y fuimos poblando poco a poco en el que hacer del instante y en el fulgor de la letra.
Es así como el habla común y cotidiana empieza a fluir como una lluvia atrapada que dejara libre sus truenos. La relación entre escritura y habla se manifiesta como una constante de nuestra literatura en todas sus dimensiones… ya escucharíamos el viento de Comala subiendo en tremolina por los caminos del ensueño. Y es durante el periodo que cubre la recepción de las vanguardias históricas por parte de Latinoamérica que se desata el color del deslumbramiento.
1922 es el año en que sale a la luz la piedra volcánica que descubre los ecos guardados en la derrota. Trilce, de César vallejo, haciendo visible la voz abandonada en el camino, resguardando los matices del canto en una palabra cercana a las dimensiones de magia, libertad y solidez de nuestra mirada. El lenguaje renovado, la pluma arrancada al viejo cóndor del énfasis, el río que fluye y derrumba la porcelana del vértigo. Vendrían otros presagios y otra resurrección, pero el vuelo mantiene su elevada estatura.
La poesía, desde su carácter de permanencia en la cultura, de reveladora de sentimientos comunes, y alentadora de identidad en la voz de la memoria, cumple una función específica a lo largo del tiempo, y es la de unificar el espíritu del ser, desde el origen hasta el devenir del presente. Perder estos referentes de existencia, y dejar de reconocer nuestra trascendencia en los que nos han antecedido y en sus vivencias, significa olvidar lo que hemos sentido a lo largo de la historia y lo que de humano llevamos a otro tiempo. Por esta razón, atendiendo a esta constante de la vida, de la cercanía cultural con la literatura, nos reunimos hoy en torno a este recital de poesía latinoamericana, en el que se reúnen algunas de las voces más importantes de la tradición poética de nuestro continente.
***
La lista de lectura de poemas para esta primera parte fue la siguiente:
1. CÉSAR VALLEJO (Perú, 1892- 1938)
Leído por Santiago Espinosa
2. VICENTE HUIDOBRO (Chile, 1893-1948)
Leído por Larry Mejía
3. JORGE LUIS BORGES (Argentina, 1899 – 1986)
Leído por Hans Medrano
4. JOSÉ GOROSTIZA (México, 1901 – 1973)
Leído por Norman Correa Jaramillo
5. NICOLÁS GUILLÉN (Cuba, 1902 – 1989)
Leído por Estefanía Almonacid
6. XAVIER VILLAURRUTIA (México, 1903 – 1950)
Leído por Leidy Bibiana Bernal
7. CÉSAR MORO (Perú, 1903-1956)
Leído por Saúl Gómez Mantilla
8. JORGE CARRERA ANDRADE (Ecuador, 1903-1978)
Leído por Juan Carlos Sandoval
9. PABLO NERUDA (Chile, 1904- 1973)
Leído por Juan Andrés Gutierrez
10. JOSÉ LEZAMA LIMA (Cuba, 1910-1976)
Leído por Yolanda Araque
11. ENRIQUE MOLINA (Argentina, 1910 – 1997)
Leído por Henry Alexander Gómez
12. EMILIO ADOLFO WESTPHALEN (Perú, 1911 – 2001)
Leído por Carol Contreras
13. PABLO ANTONIO CUADRA (Nicaragua, 1912 – 2002)
Leído por Sofi Garzón
14. VICENTE GERBASI (Venezuela, 1913-1992)
Leído por Betsimar Sepúlveda
15. OCTAVIO PAZ (México, 1914 – 1998)
Leído por Hellman Pardo
16. GONZALO ROJAS (Chile, 1917-2011)
Leído por Natalia Montejo
17. ELISEO DIEGO (Cuba, 1920 – 1994)
Leído por Francisco Joel Cruz
18. OLGA OROZCO (Argentina, 1920 – 1999)
Leído por Jenny Paola Bernal
19. FINA GARCÍA MARRUZ (Cuba, 1923-)
Leído por Angélica Hoyos
20. JORGE EDUARDO EIELSON (Perú, 1924-2006)
Leído por Tania Ganitsky
21. IDA VITALE (Uruguay, 1924 -)
Leído por Carolina Calvo
LA RAÍZ INVERTIDA
Ecos de la memoria
Jorge Valbuena
La raíz invertida es un colectivo literario que se originó el pasado mes de octubre de 2010 en la ciudad de Bogotá – Colombia. Dedicado a la difusión de las letras latinoamericanas. A partir de los eventos y convocatorias literarias que realizan, mantienen una preocupación y un objetivo constante: resaltar la tradición literaria en nuestro continente, desarrollando una identidad con la palabra que sea puente hacia el reconocimiento de la memoria presente en la voz de nuestros autores. Como una raíz que desentierra su cauce y se entrega al viento que la ha desconocido, este colectivo, integrado por cuatro Jóvenes poetas: Helman pardo, Henry Aléxander Gómez, Jenny Paola Bernal y Jorge Valbuena, quieren desarrollar sus propósitos por medio de eventos literarios, como el que realizaron durante la 24 versión de la Feria internacional de libro de Bogotá 2011, encuentro titulado: ESTADO DE SITIO: POESÍA EN EL UMBRAL, y en especial, por medio de su obra personal. A continuación una muestra de la poesía elaborada por estos cuatro integrantes de este colectivo y “Migraciones sobre el vuelo” texto poético que desarrolla las ideas y propuesas de este grupo.
…
MIGRACIONES SOBRE EL VUELO
Mientras se multiplican las voces de alarma, la industria del instante puesta a disposición de lo efimero y los ojos de los arcabuces siguen mirando al punto de mira de su desgracia, nos reservamos el derecho a estar vivos. Vivos desde la memoria, como residentes de hace tiempo que buscan un lugar en la incertidumbre.
Lo que heredamos y ahora parece un hurto, lo que poseemos de forma enajenada, la voz de los que hemos sido y sospechamos bajo tierra. La diversidad de maneras de decirnos, de nombrarnos y guardarnos silencio. Las manos trajinadas por oficios voraces, la sed del nacimiento aún constante, aún parto incisivo en las raíces.
Las miradas aún guardan muchas voces, algo que recorre nuestras vértebras de humo. El tiempo ha hecho alforja transparente, los colores de nuestras cicatrices, el mar de adioses presentes, la noche en todas sus absoluciones, el ritmo de nuestros pasos en la oscuridad. La música es reciente. Los oleajes de nuestros cantos en mitad de las laderas. La música es reciente, como un presentimiento del que somos origen.
*
Le hemos cantando al llanto en el fervor de nuestros miedos. Llevamos máscaras de otras edades en el deleite del olvido. Inventamos el silencio como refugio, en mitad de una tempestad creciente. Ahora auguramos el principio. Desde el vértigo que agoniza en la lentitud de nuestros ecos, recorremos estas huellas anegadas con un trino. Migraciones sobre el vuelo que se advierten inconclusas.
Hemos sido la piel de la piedra, los dados lanzados a la hoguera, la canícula del invierno en la llovizna, el árbol preso, la sequía, la escama poseida, el rastro de la espada, la herencia del espejo y su mirada, los labios del fakir, apariciones, la lancha sumergida, los osarios, los ríos detenidos, sus barcos, la llama de los trece, el terrible trece, los panidas, los cantos parricidas, la boca del caníbal, el sur sin otras dimensiones, la bota presa, la bota enmohecida, los peces enlutados, su guarida, pincel en equilibrio, terrocidios, trashumancias, terrenales, sextantes, a la vista, hijos de la muerte, sus testigos, callejones del vacío, intérpretes, mastines, grutas, vanidades, espejismos, absoluciones, desiertos, agonías. Hemos sido a pesar del tiempo que pierde su respiro, la palabra.
Esta condición de abismo nos descubre sin presente. Dejamos que la noche avance pero el sol aturde a nuestras espaldas la sangre fría de otras lloviznas, levantamos la vista para ver el canto de las aves y sus trinos padecen el grito del primer destierro, buscamos los primeros alambiques y los hallamos todos en el olvido, nublados de polvo de oro y humaredas, y los recientes retoños de las montañas que golpean con furia al viento que anduvo enroscado en sus precipicios. El tiempo, esa ruta desconocida, se desboca sobre su sal inhóspita y el ahora se perpetua como una confusión de máscaras oscuras. Pasados, inicios, presentes, presencias. Una voz creada por el ruido, por el almizcle sonoro de los constantes pasos, de las palabras que corren aún, como un río, por nuestras apariciones.
**
Canción, río o jardín. Una sola voz nos encuentra. El lenguaje como única morada desde el principio, talla como el tiempo en el ropaje de la ausencia, sus rostros y sus gritos. Nuestra poesía , este candil ardiente que se ahoga en sus reflejos, es una vasta absolución de voces que nos llevan. Quienes hablaron del grito como punto de partida, quienes labraron el florero y cocieron sus precipicios, quienes olvidaron las raíces por librar una batalla, escanciaron el licor agrio del olvido, perpetuaron el transtorno del grito como espada agonizante, cubrieron de cenizas el humo de la sangre y en la libertad edificaron una estatua ruidosa.
Lo que nos pertenece es la noche. Esa edad del ser en la que el día deja sus últimos oleajes, calma su desazon de tiempo y eclipse. Del lenguaje ese murmullo que tiembla en la sangre y como una telaraña que crece en el recuerdo se hace notar a toda costa en las puertas del vacío. El retorno, el siempre hechicero cuadrante, es el fulgor de la niebla. Mirar la huella y bajo ella las otras que disuelven el camino. Los espejos ya no cuentan. En el lodo los huesos que rebosan la cuesta, la coordillera siempre eterna y el cielo en que se vierte. La tradición de las letras como una partitura de sombras, guarda silencio. En la proa de la historia, nos hemos acostado en las tumbas donde retoñan los anhelos, las pesadillas, los conjuros.
***
La raíz invertida es savia labrada en otro tiempo, un eco desenterrado que busca el vuelo. Desde esta morada de cañabrava y viento cocido la mirada que nos nombra busca un peregrinaje. Al color que nos habita, a su arcoiris insondable un murmullo de tempestades vuelve desde el fuego. En cada orilla las olas golpean, van y regresan y algunas veces mienten su sosiego. No escuchamos sólo una y nos queda el rastro en una caracola o los ojos inciertos de la inmensidad. Quienes sueñan en coro, escuchan su silencio. Quienes labramos esta música lejana, hallamos los ojos del caníbal buscando la saliva del último reino. Estamos en las puertas de sus dominios y la montaña, abajo, preserva una sinfonía de huesos. Y hay una acequia que fluye permantente, fuera del misterio. Se escucha latir en la corteza del pasado. Lleva un remolino callado que se confunde con las luces de la fuente.
Negamos, a pesar del convencimiento y la solidez de las afirmaciones, ser individuos errantes que llevan la palabra como atuendo, como prestamo requerido y cotizado. Negamos que la palabra sea tan sólo ese fulgor desesperado que retoña en mitad de la sequía. Negamos, aunque permanecemos en él, que el instante sea la radiografía de nuestra intemperie y que estas palabras sean la fugacidad del remolino, de lo que cayó de la tinta al llanto. Dejamos que el río del que bebimos por primera vez siga inundándonos y que ese trepidante asombro preserve lo que hemos sentido. Negamos que esta época deba ser ese reptil reinante que nos consume. Negamos que la poesía deba ser parte de ese olvido. Negamos la verguenza con la que se teme a nuestro canto. Negamos de influencias, influenzas y otras soledades. Dejamos que la poesía nos siga delineando, que nos asuma desnudos ante la memoria, sin los guijarros entorpecidos por el vértigo.
****
La raíz invertida es otro precipicio, por el que vamos buscando nuestro rostro. Nos justifica y nos delata esa voz que aún no ha muerto y que a la vez desconocimos. El tono del ser que cabalga sobre sus latidos sin destino a su muerte. La raíz invertida se advierte como un árbol seco desde el fondo, como una fisura que esconde sólo lo que no ha sido sembrado. Esta no es edad de cometas, el universo sigue su talla. No hay fragmentos, tan sólo un cielo roto que empieza a despejarse.
Migraciones sobre el vuelo, una salida o un encuentro, un hallazgo en medio del silencio. Una noche en el retorno. Un murmullo del trueno, de la tempestad que hemos sido. Es el lenguaje el que se mantiene vivo, en él aún residen los recientes dolores y los ínfimos presagios. Es la poesía el lenguaje que se habita, bebemos el delirio de sus revelaciones. Es la identidad de ser humano y un más allá prolongado, un recorrido hacia el siempre, inagotable canto.
HELMAN PARDO
Bogotá (1978). Escritor y ensayista. Finalista en 2007 del premio internacional de poesía breve, celebrado en Buenos Aires, Argentina, con el libro LA HUMANIDAD DE LAS COSAS. Premio Nacional de Cuento Corto convocado por la Revista SOHO, 2009. Premio Nacional de Poesía Eduardo Carranza, 2010. Accésit en el Premio Casa Silva, 2010. Es colaborador de medios escritos y virtuales, tales como Ibarra y Con-fabulación. Su poesía aparece en varias antologías nacionales e internacionales. En 2008 publicó LA TENTACION INCONCLUSA, bajo el cuidado de Común Presencia Editores. Es Coordinador adjunto de creación literaria en Biblored.
CAMINO INTERIOR
Lo he hecho todo:
Sembré un árbol donde no recuerdo,
Escribí un libro que nadie ha leído
Y tengo un hijo que nunca veo.
Lo he llorado todo:
He llorado la muerte, el amor, el destino,
La miseria, el hambre, la distancia
Y ya no queda sal en ninguna lágrima.
Acaso al fin lo he escrito todo:
Mil quinientos setenta y nueve poemas con treinta
y un centavos,
Tres cuentos, dos ensayos, noventa y tres informes,
Una renuncia,
Siete cartas, once mensajes en la nevera,
tres mentiras,
Cuatro grafittis, setecientas trece firmas –incluida
la de la renuncia–
Un árbol, un hijo, un libro,
Un destino, un amor, una muerte,
Un hastío, un dolor, una cólera,
He escrito todo mi desamparo.
LUZ SOLAR
No tengo grandes noches
De cerezas, de uvas,
De pasos sin camino
Como cualquier ser humano
O ausencia de aguacero.
No soy abrazo de madre
Con ojos de dolores en los hijos,
Un pirata con múltiples arracadas
Que cuelguen de las hélices
O la garza de flacura vencida
Que bebe espacios en el agua cruda.
No tengo sombra, o manos que sostengan
Tanto anochecer al día.
Tengo esqueleto
Y no tengo grandes noches
De pueblos enteros que sollozan solos
Con forajidos en sus calles muriéndose de pena.
No soy el que necesita el mundo.
Es tarde,
Andate con tus árboles donde muera la selva.
OLEAJE
Para qué callar
Tanto silencio arrepentido,
Tanto amor a la deriva.
Bajo qué movimiento esa pálida muerte
Llegará con sus arcabuces
A deshacernos el mundo.
Estas manos que aún esperan
Caminar ilesas por algún lejano cuerpo,
Quizá ese cuerpo,
Dónde irán a reposar de tajo.
Sombra,
Río que fluye desvelado,
Océano y lágrima,
Árbol de hojas blancas sobre un viejo páramo,
Ese oleaje es el amor de los hombres.
Para qué callar entonces
Tanto amor a la deriva,
Tanto río.
LA CALLE
Sin decir nada todo me lo dices.
Dices, por ejemplo:
–Soy de roca y sudo a los hombres
En los días sin sombra y las noches sin pájaros.
Nadie llega a ninguna parte;
Vuelcan por mis manos ese monóxido de sangre
Que les da la vida o quizá la muerte.
Se aman y se desaman por mis costillas amanecidas,
Se rompen y se mutilan.
Si esa es su naturaleza
Déjame seguir siendo esta piedra vencida por el tiempo.
Y digo, con estupor en el rostro:
–No te afanes, estoy de paso.
VIENTO DE ABRIL
El viento, ese antílope que rumia corazones
Camina por el estribor de nuestras pieles
Y deja con su voz aplacados los cedros,
La vereda fértil, la cordillera.
Se deshojan sus tibias manos
Alcanzando las últimas horas de los días
En que dejamos de ser este pedazo de hombre
Y nos volvemos suyos, desamparados.
Cuando vamos de un lugar a otro, cuando somos
Solo la herrumbre de la vida
Y sentimos como nos limpia el cuerpo
Y abandona su mundo para poder lograrnos
El viento, ese fuego que consume nuestros rostros
Nos hace saber que estamos vivos
Y que nunca abandonará la faz de la tierra.
El viento, blanca sombra del día y de la noche.
MUNDO CONSUMADO
Ser de sombra y parecer que nada es nuestro
Y tenerlo todo y morir por ello;
Amar el mundo que llega con sus olas
Y nos encalla al relámpago de la vida;
Golpear un minuto y otro y acaso otro
Para que el tiempo no siga devorando
El presente que ya se muere
Y nos sumerja en el tímido futuro;
Temblar de frío cuando la lluvia desluce
Este cuerpo que cargamos con nosotros
Sin poder cambiar de forma, como el humo…
Partir sin decirle adiós a nadie,
Sin el total desamparo de sentirnos desolados
A algún lugar ajeno y lejano;
Amanecer a orillas de un río tranquilo
Bajo la luz desnuda del poniente y desnudos
Como cuando éramos simples animales
Mirando sin deseo a la propia especie
Y aún creyendo en el Paraíso;
Pensar que nada pasa entre nosotros
Con la sabiduría que la tierra es más ancha
Y no esta angostura que pretendemos;
Que no nos aflija el llorar, pesada roca
Con los ojos atiborrados de esperanzas
El milagro de un nuevo día;
Reposar el alma que nos cuesta a veces
Y colgarla entre las cuerdas
Para que en alguna hora bendecida
Se nos enjugue el cuerpo bajo el alba;
Volar vida,
Volar
Y no morir en el intento.
EL RELOJ
A través de tus ojos fustigas el mundo.
Lo haces y lo deshaces
Para entregarlo al futuro que nunca empieza.
Aquí queda tu pasado,
En esta inercia que se muere en deshoras
A lento tic-tac,
A verdugo tic-tac.
Quizá sea necesario oír otras voces
Para destrozar tu sonido.
ELEMENTOS DEL DESTERRADO
I.
Para qué darte el agua
Si desboca su barbarie entre los árboles
Y sobre las casas sostenidas de guaduales.
Llueve una lluvia y dos lluvias y todo es una desmedida llaga
Desastre y bruma, congojas y páramo.
Todo está quieto. El lodo
pesa como un cansancio de lo ya vivido
mientras los hombres escalan los tejados.
Del álamo caen las cepas más bajas
Y son los brazos empotrados sobre el pueblo.
Calle abajo fluye un río.
II.
Para que darte la tierra
si se desliza como un oscuro nacimiento
A qué nombrar los pies andrajosos
Después del temblor, la sangre y las cenizas.
Para qué ese largo galope, ese estremecimiento
Si todo es más pesado en las suturas de sus manos.
Ciudad abajo emerge la zozobra.
III.
Para qué darte el fuego
si es una herida abierta en medio de la nada
que consume la vereda fértil, la cordillera.
Traspasa el follaje desollado con su hambre
los pasos solitarios.
No preguntes por su fulgor,
por su luz de extraña ira
si es tan solo un desarraigo del olvido.
Oscura brasa a la espera de los olmos,
se dispersa y todo calla,
todo se enarbola.
Por el sol
apenas se difuminan los pájaros.
Selva abajo se calcinan las catalpas.
IV.
Para qué darte el aire,
el viento,
si es una fragua que redobla las cosechas.
Para qué esa fuerza
de grises y despojos
si también de amor se caen los membrillos.
Higuera abajo se desploman las hojas.
V.
¿Y el amor?
Esa otra muerte que flaquea sobre un cuerpo desnudo
más allá del pudor y la reserva.
Noche aciaga que recuerda
su plumaje entre mis manos,
su breve silencio de hojarasca.
El amor es un relámpago cansado
la gran boca que devasta las estaciones.
Y los hombres son sus aguas su carne y su diluvio.
JENNY PAOLA BERNAL FIGUEROA
Bogotá (1987). Estudiante de Licenciatura en Español e Inglés de la Universidad Pedagógica Nacional. Miembro del comité editorial del periódico de poesía Aldabón y del colectivo literario La Raíz Invertida, gestora cultural y organizadora del Festival de Narrativa y Poesía “Ojo en la tinta”. Colaboradora de la revista Contestarte de la Universidad Nacional de Colombia. Ha participado con la lectura de sus poemas en diferentes escenarios, entre los que se cuentan el 1er Festival de Poesía Universitaria, el XVIII Festival Internacional de Poesía de Bogotá, el Homenaje a Orietta Lozano del Gimnasio Moderno, entre otros. Algunos de sus poemas han sido publicados en diferentes revistas.
ALQUIMIA DE UN HOMBRE
Un buen día le observas
despojándose de quien se cree es
meditabundo en su mirada de miedo
con ese aliento apagado que produce el vacío
reviviendo cadáveres;
con un credo por camino
y las grietas de sus manos
desviándose entre llagas
que tímidamente bordean su corazón.
Va conservando su sombra
bebiendo sonrisas.
Amando
porque no hay otra forma
de conducir la lava
hacia esas tierras errabundas
y evocar del aire
el soplo
que espanta la muerte.
UNO DE LOS MOTIVOS
Me convertí en la meretriz que nunca quiso ser
la que hurta palabras para manipular tus labios
quien se conforma con imaginar figuras
en el humo de otros cigarros,
esa que llama y persigue las letras
para que la acompañen noches solitarias.
Descubro que en estas noches de cabaret naranja
tal vez agrade al hombre,
pero cómo conciliar con Dios.
mis versos me alejan de lo que sería el cielo.
Quizá un día de estos amanezca con el alma limpia
y el corazón lejano de fantasmas del pasado,
el mismo día que deje de ser de la poesía su cualquiera.
LA CASA
Bienvenido a esta casa
su casa
se respira el frio hiel
de ese aliento ausente.
Bienvenido a esta casa
de enojos y lágrimas
bien pueda siéntese donde sus pasos se agoten
donde su piel se seque,
la casa ha cambiado un poco
-usted perdone-
pero he evitado pintarla
para que las grietas del tiempo
le regalen un poco de ese matiz familiar.
Es la misma casa no se asuste
esa misma que construimos hace tiempo
esperando estar lo suficientemente solos
para habitar en ella.
TIC TAC
Le pregunto al tiempo
si puede detenerse
mientras finjo que vivo
para que su tic tac
no acelere mi caída.
BREVE 4
Entonces
la puerta se cerró
… al regresar
las guardas
eran otras.
HENRY ALEXANDER GÓMEZ
Bogotá (1982). Estudió Licenciatura en Ciencias Sociales en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Trabaja como promotor de lectura y escritura desde hace cuatro años. Gestor cultural, es organizador del Festival de Narrativa y Poesía “Ojo en la tinta”. Amante de la poesía de Georg Tralk, Vladimir Holan, Paul Celan y muchos otros. La literatura de terror es más que una pasión. Investigador del fenómeno sociocultural del Metal. Ha realizado varios trabajos y conferencias acerca de la relación entre literatura, rock and roll y metal. Actualmente se desempeña la promoción de la lectura en la Red de Bibliotecas Públicas – Biblored, en la franja de jóvenes y adultos de la Biblioteca Pública Parque el Tunal. Está próxima la publicación de su primer libro llamado: Memorial del árbol.
VELO DE NOCHE
Vivir la lentitud
de la hormiga,
confuso
en una ola de arena.
Entre el amor y mi sangre
hay un silencio de pájaros,
velos
como mareas de hielo
bordados
con filamentos de sal.
Alguien ha escrito mi nombre
en
una
roca
incendiada
con el carbón que tiñe
lentamente
la noche.
JAGUAR
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Could frame thy fearful symmetry?
The Tyger / William Blake
El enigma de sus pieles me sorprende una vez más
a la hora de la muerte.
Otra vez la madrugada socavando las angustias
y los temibles secretos; he soñado un jaguar ciego
pariendo los miles de espejos que lo preceden
desde el primer tigre de Adán en el paraíso:
un laberinto de perlas negras, de negros anillos de fuego,
de umbrosos trazos de jade negro,
en el marfil dorado que yace en la penumbra
de la indómita selva.
¿Qué visión inmortal? ¿Qué misterio esconde su carne?
Sus flameantes ojos ciegos aún me siguen
en la oscuridad de mis pasos hacia la tumba,
como una piedra de oro inconmovible
en las molicies del firmamento de Alá en el desierto.
Lo soñé una y mil noches en esta eterna madrugada.
Lo soñé en la forma del tigre, del lince, del leopardo;
en la forma del puma, del león y de la imponente pantera.
Lo soñé en el rostro infame del cazador
y en el sagrado rostro del hechicero.
Lo soñé en el altar de sangre de una raza
que veneró tu terrible simetría con el universo.
Lo soñé al asecho, en la tarde de un árbol muerto,
y devorando un hombre bajo el amazónico diluvio.
De la mano de Poe y Blake soñé también a Tzinacán
en su hemisférico encierro, descifrando la escritura de Dios
en sus indescifrables pieles.
Espíritu del cometa que le ruges mil veces al alba
despertándome en mis noches ciegas y blandas,
¿Qué portentosos e inmemoriales sigilos
le guardas a la espesura de los sueños?
No soy yo el que presume de tu esfinge,
ni la ligera aurora que me trae tu recuerdo.
Es la soledad que encierra mis días y mis libros
y el tiempo de otros tiempos que nos revela nuestros miedos.
GEORG TRAKL EN EL OCASO
Un rostro púrpura se ciñe al abrazo calcinado de la noche.
El espíritu oscuro de los bosques, las sombras venenosas,
el grito moribundo de los guerreros otoñales,
cubren de opio el azulado cuerpo de espino.
Aletean los murciélagos alrededor del joven que sueña.
Se escucha un lamento crepuscular.
El niño Elis le besa la frente sangrante
y la hermana juega con mortíferos alcoholes,
deambulando entre los catres del centro hospitalario.
Qué luna más amarga. Qué triste es el último canto del mirlo.
Tierra negra amasa una música nocturna
y se extingue un corazón huérfano de flores amarillas.
La tumba aguarda a los ángeles caídos;
un venado azul corre en delirio a la primavera.
LA LENTITUD
En la profundidad
del río
brama
a veces
un árbol
que no para de crecer.
La mosca
siempre teje
el hilo de su araña.
Es el diablo
quien desliza
el cerrojo
tras cerrar quedo la puerta.
EL ADIÓS
I
En la tarde,
las semillas del diente de león,
vulneradas por el viento,
se disipan
como limadura de espejo
en la memoria.
Atrás queda la página en blanco,
la mirada imposible, lo que ya no despierta.
II
Sin rumbo,
sin regreso,
en un vacío de huesos,
el crepúsculo devora los pies del caminante.
AMANTES
Ella camina por las calles malgastando su desnudez,
luego se bebe un campo de leños
tallados por el fuego.
Él se cuela en los cines de la tarde
y llora con sus zapatos al aire.
Un valle abierto.
Una mosca zumba moribunda entre papeles viejos.
La lluvia cae sobre una guitarra abandonada en el desierto.
El demonio dijo que nos llevaría a casa.
JORGE VALBUENA
(Colombia) Nació en Facatativá, Cundinamarca, en el año 1985. Estudió Humanidades y Lengua Castellana en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Su primer poemario: “Presos”, recibió el premio Departamental de Poesía de Cundinamarca en el año 2008. “Los arados del parpadeo” conjunto de poemas que abordan el recuerdo desde sus múltiples máscaras, fue merecedor del Premio de Poesía Revista Surgente (2008) en el marco del programa “Bogotá Capital mundial del libro”. Su obra “Péndulos” fue reconocida con el primer puesto en el concurso Bonaventuriano de poesía (2010) y su poema “Abismos del silencio” fue ganador en el concurso nacional de poesía “Palabra de la memoria” (Universidad Central – Bogotá 2010). Participó en el XIV Encuentro Internacional de Poetas en Zamora, Michoacán, México. Hace parte del colectivo literario La Raíz Invertida. Actualmente se desempeña como promotor de lectura y escritura en La Red Capital de Bibliotecas Públicas de Bogotá.
LA DANZA DEL CAÍDO
El olvido se ha puesto como bandera de cordura
en el filo del abismo
los que miramos al fondo
los que hemos vuelto de él
sabemos que en el filo tan solo la certeza
de nuestra heredad
tiene la capacidad de gobernar
sobre el silencio.
Lo olvidamos
cambiamos de voz y de piel
y al anochecer nos aturdimos
con nuestras tumbas abiertas.
Tarda el hueso en roer su soledad
las pisadas ahogadas en el fango
el caracol cargando su cueva.
Nunca el cordel de la mirada eterna
que despliega su cansancio
en el filo de los días
nunca el ayer tallado en su presencia
vuelve a nacer llevando la premura
de ser el fondo de la vista
la mirada inconclusa al precipicio
el tiempo que interrogan las ausencias
siendo la honda de nuestro propio vértigo
la danza lívida de las caídas.
DESENCUENTROS
Camino buscando el primer paso
la salida al comienzo
el instante que enciende
la luz oscura.
Todo me devuelve al fin
a tus ojos regresando con el viento
a tu voz callando mi nombre
a tu espera en el vacío.
Llamo a la noche
y prolongo tu retorno
limpio tus huellas con mi sombra
inundo tu luz con espejos rotos
desfigurados desde el nacimiento
antes de ser reflejo
o cristal roto
tiempo roto.
Pienso en desnudarte
así, fragmentada en el hielo
poseída por mis cauces secos
inerte en el origen de la lluvia,
gota a gota
irme en tu mortal orgullo
Ascendiendo a tus pensamientos
que amanecen
en el instante último
en que la luna agota su luz
para que seas esta hoguera.
ARQUITECTURA DE VIENTO
a la intemperie
siempre a contraluz
he convertido tus muros en ocasos
los amaneceres son tus puertas
las ventanas sordas de la brisa
sólo el tiempo mantiene en el silencio
la tempestad de su reloj de arena
sólo la luz busca su orilla
en el centro del fuego
espero desde el fondo
siempre a la intemperie
en este desierto vacío donde habitas
los espejismos de un recuerdo derrumbándose
INVENTARIO
Estas alas sobran
hay un cielo debajo de mí
El sol ha derretido las palabras
que sostenían mi silencio
Los ciegos flotan
como las lágrimas que salvo
después los desvanece la llovizna
Este miedo sobra
hay tumbas abiertas
El sol ha derretido las calaveras
que sonreían en mi espejo
Los muertos saben
del destino de las palabras
Antes de la sequia
PÉNDULO
Estoy en la hoguera
Donde los ebrios queman las canciones
Soy leño de su pesar
Humo de sus lágrimas
Me desvanezco en el filo de las noches
Busco a gatas mi sombra
Para colgarla en el armario
Y amamantar las polillas
Hasta dejar una simiente
Que le cante a los árboles
Y muera de olvido
Dejo que el río me traspase
Deje sus cenizas en estas orillas
Oculte mi sequía
Donde el ritual es apagar la lluvia
Con estas alas de cobre
DESVÍOS EN EL RETORNO HACIA LA MISMA ESPERA
I
la vida es recinto (también otro reino)
las cúpulas que a diario se derrumban
el pasajero se aloja en el fondo de la ira
mira por la ventana al cadáver que se asoma
vuelve a la silla y delata sus canciones
silba en el aliento
que se escucha en otra tarde.
II
La vida es diluvio
llamaradas inconclusas que flotan en la espera
La mano talla las raíces de la orilla
señala el sepulcro de las olas
la sombra del navegante.
III
La vida hunde sus alas,
es un viejo cielo que anochece
éxodos de auroras (contagio de arcanos)
la huella vuelve a desaparecer en el fondo del camino
la lluvia posee en su dolor algo de historia
cada gota es una pluma del ángel que se deshoja
y ve la piel cicatrizada,
cada gota es un relámpago de memoria.
IV
La vida nos acusa
Rapta del verbo su voluntad de savia,
vela desde el tiempo el llanto de los otros
lo que hemos sido y quedamos siendo
como tierra entre los lirios
que adolecen su color,
una mortal sapiencia que nos salva,
silbido que navega,
gota en penumbra desde la lluvia del tiempo.
LOS COLORES DE LA SED
Sabía Arturo Cova
que el lugar donde guardaba el cuchillo
era del mismo color de su piel.
Esperaba que el dolor se durmiera en la sangre
que pasara de sol de los venados
a selva de réquiem, caucho calcinado,
y ese vaho de mujer
con la savia del llanto
soportando el fango del camino,
las palabras áridas de olvido
y una caricia de fuego
que nacía en el fondo de la tierra…
Sabía Arturo Cova
que esa ira era
una semilla sembrada en un revólver
en mitad de la vía
de un disparo eterno.
LA ARDIENTE OSCURIDAD
Hemos muerto.
Todos en esta casa han abierto las ventanas
han dejado libre al silencio
y al tiempo que nos busca.
Las viejas grietas
buscan su desembocadura.
las sombras rasgan las paredes
de su incertidumbre.
El aire, viciado de recuerdos
asfixia los platos vacíos.
El cielo ha olvidado su nombre
y quiere bebernos en su tempestad.
Caen las plumas de sus nidos
y las cáscaras de sus vuelos.
Hambrientos de olvido
oscurecemos
Lamemos la cornisa de las tardes.
En esta casa
invadida de pájaros de humo
sólo la noche
nos sepulta.
La creación poética y los límites de su composición
Por: Jorge Valbuena – Colombia
“Pleno de méritos, pero es poéticamente
Como el hombre habita esta tierra.”
Friedrich Hölderlin
A lo largo del tiempo se han generado diversas interpretaciones acerca del quehacer poético y asimismo, de la poesía. Su función, difusa para muchos, ha recaído sobre la figura del poeta, quien cercano al devenir de estos cambios no ha quedado exento de sus transfiguraciones. La poesía, como un frondoso árbol que permanece sembrado desde el inicio de los tiempos, es sutil a los cambios de épocas, a las estaciones del espíritu, a las adversidades del alma. Así, se han configurado una serie de visiones acerca de este ejercicio cercano a lo trascendental, que para otros ha significado incluso el contacto supremo con lo divino.
Según Heidegger, la poesía es el lenguaje primitivo de un pueblo histórico. Esta noción permite mantener el origen como el destello primordial de la expresión, y acercarnos a la poesía como un cauce constante que fluye desde los primeros signos de la cultura, considerando que este es el medio por el que nos podemos comunicar con nuestras primeras interpretaciones del universo. Así la poesía se ha revestido con el manto de lo sagrado, dándole un carácter de divinidad a su función, ya que ha sido considerada lenguaje de los dioses y por ende su creación determina un contacto con lo externo, ajeno y oculto al hombre.
Nuestro presente es quizá el momento más lejano a estas consideraciones. El reconocimiento de la poesía como lenguaje de los dioses ha pasado por el tamiz de la individualización del ser y la tecnificación de las formas, recobrando así una nueva aceptación en sus elaboraciones. Ha quedado, sin embargo, de esta concepción originaria el sentido de trascendencia que une al ser humano con la vida, el universo, su propio estar en el mundo, siendo una de las pocas acciones que aún mantiene este sentido primordial de la existencia. Para Saúl Yurkievich, la poesía siempre tendrá esta misión:
“Exclusiva o inclusiva, reconcentrada y regresiva, la poesía quiere siempre volver al origen, a estados primordiales del ser. Responder a los mandatos profundos de la Psique.”
Teniendo en cuenta esta afirmación, la poesía adquiere entonces la concepción de diálogo. Un permanente acercamiento con otros estadios del ser que hemos sido y permanece en nuestro contacto con la existencia. Es esta condición de acercamiento que hace que la poesía sea una posesión común a todos y el lenguaje la materia esencial para el desarrollo de este vínculo, siendo también vehículo y morada del ser que ausculta en todas sus emociones el verdadero sentido de la existencia. Para Heidegger la poesía no toma el lenguaje como un material ya existente sino que la poesía misma hace posible el lenguaje, configurando así un diálogo que pervive desde tiempos inmemoriales. El poeta se encuentra en un constante diálogo entre su presente y su pasado como un inagotable recurso que hace tangible la permanencia en el tiempo. En ello reside la instauración, al hacer visible las manifestaciones originarias que pertenecen a la historia.
Esta posesión común a todos y también la forma de poseer, aunque ha permanecido, también ha sido parte de las transformaciones. “La poesía se muestra en la forma modesta del juego. Sin trabas, inventa su mundo de imágenes y queda ensimismada en el reino de lo imaginario (…) La poesía es como un sueño, pero sin ninguna realidad, un juego de palabras sin lo serio de la acción”[i] Se espera por tanto que todo aquello dispuesto a generar una transformación disponga de una acción, ¿cuál sería la acción de la poesía? Poetizar tiene la apariencia de lo inofensivo ya que se mantiene únicamente en el plano del hablar y el decir sin insertarse en la realidad de forma directa, ni transformándola de manera integral. Esto se debe según Yurkievich a que “La poesía es, sin duda, el género que con mayor ahínco suele salirse de la historia eventual o profana, el menos sujeto a las exigencias de lo real efectivo, el más exento de razón de uso.” Acercándonos a otra visión alterna de la poesía, en la cual la subjetividad es el fundamento de su creación a pesar de ser un bien común, convirtiendo en paradoja su función de diálogo.
Es por ello que el acto de poetizar no se realiza de forma inmediata, su realización va más allá de un simple género literario. El poeta instaura a partir de la palabra y en ella se combina intimidad y libertad de decisión, ya que su inocente oficio lo convierte en un elemento potencial que visibiliza la verdad. El poeta no necesita la luz, ha de estar dispuesto al momento de la iluminación. Esta verdad se da como un desocultamiento, siendo algo que se muestra pero que no está a la vista de todos. Esta presencia que se hace notoria en su visión nombra el tiempo, el ser se da al tiempo y el tiempo del poeta es el de la memoria. Este es uno de sus intereses primordiales. Pero ¿cuál es la relación que existe entre esta verdad y el testimonio? Para ello es importante tener en cuenta la diferencia que hay entre atestar, testificar y testimoniar. Ante esto se concluye que el poeta sin la obligación de dar testimonio se convierte él mismo en testimonio al ser presencia de su tiempo y de su historia.
La poesía es el don del ser, el habla esencial. La esencia debe responder a un cómo. Este rostro que posibilita el desocultamiento se manifiesta a través del lenguaje, con la utilización de la palabra como instauradora y reveladora de la verdad. La poesía debe estar al tanto de la esencia, sucesora desde el origen a la manifestación del tiempo. Su función no está indicada hacia un solo presente, ella no escatima en eventualidades sino que parte desde ellas con el fin de tocar el pasado, complementar lo primitivo con el filo de la incertidumbre y el instante.
Poseer el lenguaje es tener la posibilidad de semejarse a los dioses en cuanto a la capacidad creativa y el dominio. Es entonces la más inofensiva de las posesiones en cuanto a que es el lenguaje el que modela el universo y no la acción pero es el más peligroso de los bienes ya que crea y destruye moderando una libertad particular. Ya lo han demostrado diversos poetas a lo largo de la historia, sus continuos hallazgos y disidencias con los cánones y principios fundados, con las condiciones sociales, culturales y espirituales que permanecen en el marco del oficio creativo. Por ello, asumir el lenguaje como una posesión común, implica también delimitar los cambios y transformaciones a su devenir, siendo la palabra el elemento de acción que permite que las ideas y el sentir de una época permanezcan a lo largo de la historia.
Ahora bien, ¿qué ocurre cuando es el poeta el que transgrede esta posesión, condicionándola a una nueva lectura, transformando sus normas? Tomaré para ello un ejemplo de la poesía latinoamericana, buscando un nuevo referente que enmarque esta posesión común de la que habla Heidegger, y quizá desmintiendo la figura de Holderlin en manos de este filósofo que plantea un cambio histórico en medio de los tiempos aciagos que aún perduran. La figura del poeta peruano César Vallejo puede darnos una figuración de la incidencia que pueden tener las formas y su condicionamiento en el marco del uso de la palabra. Lo incluyo aquí ya que su devenir creativo y su aprendizaje del oficio estuvo ligado al intercambio simbólico con las vanguardias literarias de su época, creadas en Europa, y por otro lado asumió también el carácter político y utópico que estaba en auge en diversas disciplinas. Aunque cercano a ellas desarrolló una nueva voz, rechazada por muchos, pero fundadora de la nueva poesía latinoamericana.
Vallejo vivió y fundamentó su obra en el cambio de siglo. El movimiento modernista mantenía en su obra una nostalgia por lo legendario, una sublime sacralidad por su antigüedad, exaltando con gran precisión métrica el entorno del que era despojado, en medio de un enorme cambio arrollador producto de la industria y las guerras que se ciernen. En este contexto Vallejo da paso a un vertiginoso desconcierto. Su obra poética asume una carga de voces desconocidas, mientras el modernismo mantiene una presión por el uso canónico del lenguaje y su mesurado control de las formas, Vallejo afina su lira con los gritos y los susurros de su pueblo. Los tiempos aciagos entonces brindan una nueva mirada, y aunque Trilce, obra fundamental para este cambio, es rechazada en su presente, tendrían que pasar treinta años para ser considerada como obra fundacional de la voz autentica que se empieza a reconocer como latinoamericana. Ello permite que se genere una nueva aceptación sobre la poesía de este continente y por otro lado, que se asuma su lengua como una identidad desde su uso cultural. En el poema Trilce, escrito en 1922, César Vallejo hace la siguiente salvedad:
“¿Qué se llama cuanto heriza nos?
Se llama Lomismo que padece
nombre nombre nombre nombrE.”
En este apartado de su poema Vallejo determina el carácter del lenguaje a partir de un juego de palabras, reflejando el habla todo el carácter del sentido que quiere expresar. Como si aún nada estuviera dicho, Vallejo crea un nuevo referente de la poesía, en el que el lenguaje cambia su paradigma de forma por el de uso, considerando al habla como el elemento del que deriva la poesía. Esta posesión se encuentra entonces transformada, y los aparentes pilares que alejaban este lenguaje trascendental de las voces silenciadas por desigualdad social se encuentran ahora vinculadas a este torrente de innovación. Acerca de este cambio dice Yurkievich que “Cada tanto, en las épocas de renovación imperiosa, la poesía es sacudida y despertada de su letargo mítico. La presión del presente la saca de su atavismo ensoñador y la compulsa a remozarse y renovarse, a retomar el contacto vivo con la historia progresiva, a lanzarse hacia el mañana.” El letargo mítico al que hace referencia es sin embargo reelaborado en la poesía de Vallejo, dando un viraje a lo que está sucediendo en su presente, fundando una nueva mirada.
Desde allí se empezaron a generar los cambios que desligarían la herencia de dominio sobre la lengua española, delimitando una identidad sobre su posesión que iría más allá de sus fronteras implantadas, hacia su uso. Importantes revelaciones del uso del lenguaje también nos otorgaría la obra de Oliverio Girondo, o las vertiginosas imágenes de Vicente Huidobro quien afirmaría en su manifiesto sobre el creacionismo pronunciado en 1916:
“El hombre ya ha inventado toda una fauna nueva que anda, vuela, nada, y llena la tierra, el espacio y los mares con sus galopes desenfrenados, con sus gritos y sus gemidos.
Lo realizado en la mecánica también se ha hecho en la poesía. Os diré qué entiendo por poema creado. Es un poema en el que cada parte constitutiva, y todo el conjunto, muestra un hecho nuevo, independiente del mundo externo, desligado de cualquiera otra realidad que no sea la propia, pues toma su puesto en el mundo como un fenómeno singular, aparte y distinto de los demás fenómenos.”
Aquí Huidobro ya le ha dado un carácter de autonomía al lenguaje, como si se tratara de algo que no merece discusiones, ha admitido que el hombre ha inventado, ha creado con el lenguaje lo que los dioses han hecho con la existencia, y reconoce en sus palabras que el hombre ha perdido el control sobre su creación, que ella misma ha adquirido vida propia “Sus galopes desenfrenados, sus gritos y sus gemidos.” Y más adelante define la creación poética como el empleo de un universo ajeno a la realidad, como un “fenómeno” que ha adquirido identidad propia dentro del ser, siendo el ser el que lo propicia y lo elabora a partir de los universos que lo nombran desde el cauce proveniente de memorias primitivas.
Llegamos así al concepto de instauración que nombra Heidegger: La poesía es instauración por la palabra y en la palabra, la poesía es la instauración (la libre creación) del ser con la palabra. Su condición de posesión común determina la validez del pensamiento, evoca el caos primigenio y retorna al espíritu de época que determinaría Hegel como una de las mayores sentencias hacia la lucidez de permanencia en el universo. La poesía es permanencia, su creación determina el presente del lenguaje, el deslumbramiento de un continuo instante que se involucra con la totalidad del ser.
El poeta, poseedor del “don celeste” que avistaría Holderlin, sigue siendo el contacto con la trascendencia, y aunque lejana de este presente demoledor, reconoce en los signos el leguaje de los dioses que cantaron en tiempos remotos, edificando en la cotidianidad una voz que explora en los subterfugios humanos una luz que a la manera de un relámpago de razón de una deidad. La creación poética, aunque inofensiva en su exploración, ha demostrado a lo largo de la historia ser un vehículo de transformaciones, propiciadas desde el lenguaje, y sobre todo desde el sentido de permanencia que deriva de su composición, ha sido un importante contenedor de visiones y estadios del ser que se liberan en la interpretación.
Este el habitar poético. Condición de del ser en el universo, permanencia de lo trascendental como un espíritu proveniente de otras épocas. El lenguaje proporciona los signos para interpretar el universo. El universo creado por el ser, se transforma en la medida en que el lenguaje viste al hombre de su mirada y le da un carácter histórico. La poesía como fundamento que soporta la historia hace que la esencia de la creación sea una perdurable acción que proporciona la claridad de las tempestades futuras.
[i] HEIDEGGER Martin. Holderlin y la esencia de la poesía. Tomado de: Arte y poesía, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica. 1992. Traducción de Samuel Ramos.
RED DOOR MAGAZINE – 8TH ISSUE
JUAN BAÑUELOS:
RADIOGRAFIAS DE LA MEMORIA
Las palabras son hijas de la vida.
Sufren, paren; también tienen sus muertos.
Y en la honda capital de la miseria
Las armé de fusiles y de verbos
(En esta patria muda, perseguida,
Donde hasta el aire mismo va a dolernos).
Yo fui el autor.
Lo que suena a dolor me suena a pueblo.
Nací en el Sur. Mi nombre:
Juan Bañuelos.
Lejos de todo tiempo. Dentro de un espejo que explora todos los costados de la tierra y dibuja en el aire melodías de humo, encontramos la palabra. Lo sagrado se esconde en la eternidad, aflora repentinamente en las huellas marcadas en la piel o en el eco que se eleva en el tiempo. Tenemos la edad de las cicatrices, lo único ajeno que debemos vestir sin olvidar la herida que aguarda. Ahora brota sobre el surco la sangre que quedó en la poesía, nada traído, nada inventado por extraños. La única verdad proveniente de la tierra… huesos sembrados para la cosecha de nadie y pasos andados bajo esta noche ancestral que amanece bajo los párpados.
De este clarear de sombras, con el ocaso aún puesto a las espaldas han nacido algunas voces que se salvaron del olvido. Entre ellas la de Juan Bañuelos, quien acoge toda la herencia de los desheredados, su palabra es voz de multitudes que no habla de pasados, sino de presencias. El misterio que encierra la humanidad de nuestro continente, su origen y destierro, sus creencias y su geografía; se convierte en la poesía de este mexicano en una imagen infinita de vida caudalosa que cambia de color a medida que avanza y remoja la tierra. Nacido en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 6 de octubre de 1932, población en la que, según él mismo ha dicho, “hay más poetas que árboles”, aprendió a resistir con palabras la realidad que sometía a su familia y a su comunidad trabajadora; acostumbró a resguardarse del mal tiempo entre los paisajes y conciertos que encontraba en la lectura. Muy temprano, a los 14 años, descubrió a Saint-John Perse, en quien afirma haber reconocido el fulgor poético de sus palabras. De este momento de su vida, y en especial de su encuentro, ha dicho en una entrevista: “A nosotros nos llegaban ediciones de países tan lejanos como Argentina y Chile. Las primeras cosas de Borges las leí durante mi adolescencia y también la poesía de Oliverio Girondo que en mí tiene un gran peso. Entre esas lecturas casuales, un día encuentro un ejemplar todo deshojado de un autor llamado Saint-John Perse. Como en Chiapas era costumbre que los poetas firmaran con seudónimo, yo me dije: -este es un poeta Chipanaeco- porque habla de las palmeras y del trópico tal y como uno las veía.”
Andrés Fábregas, exiliado español, desempeñó un papel clave en su formación preparatoria: “El exilio español llegó a Chiapas y eso fue un aporte maravilloso. Recuerdo a un maestro, Andrés Fábregas Rojas, ex militante del Quinto Regimiento, quien era un hombre ilustrado que nos daba las materias de francés, filosofía y literatura. Era yerno del dueño de la principal librería de la ciudad, don Antonio Puig, de origen catalán, y observaba a quienes nos gustaba leer para sugerirnos determinadas lecturas, incluso él nos preparaba paquetes de libros. “Hombre, Bañuelos, mire, pensé que le gustaría leer estas obras y las he traído para que se las lleve, a ver qué le parecen.” Entre los volúmenes dejaba como por descuido el Manifiesto del Partido Comunista. Luego yo le decía: “Me parece que olvidó este librito entre los demás.” Y el me respondía: “Sí, hombre, cómo fue que se me traspapeló. Pero dígame, ¿lo leyó?, ¿qué le ha parecido?” Por supuesto que lo había leído, pero no había entendido francamente gran cosa. Él sonreía satisfecho de su acción”
Becado, con pocos recursos y con una sola prenda para cada extremidad, Viaja de Chiapas a Ciudad de México. Decide en contra de la opinión de su padre estudiar Derecho. “Había ganado un concurso de poemas al árbol y con ese dinero compré mi pasaje en tren. Muy poco tiempo después vinieron Óscar y Eraclio a estudiar a una escuela militarizada que estaba en el Desierto de los Leones. Allí conocieron a Jaime Augusto Shelley y a Jaime Labastida, con quienes luego conformaríamos La Espiga Amotinada.” Pudo sortear su difícil momento gracias a la colaboración de algunas personas de esa ciudad. Rosario Castellanos se hizo cargo de su formación literaria. Saliendo de la facultad, Bañuelos la visitaba en San Ángel. Ella era una experta en la historia de la literatura mexicana, gran conocedora de Sor Juana y de la poesía contemporánea. Juntos analizaron la obra de Valery. Al poco tiempo ella lo recomienda con Jaime Sabines quien lo acepta como un alumno y le dedica muchas horas para su formación. Este proceso que inicia en la UNAM permite al escritor reconocer nuevos entornos para el desarrollo de su oficio, así es como junto a otros personajes de su generación integra el grupo Medio Siglo de la Facultad de Derecho. Allí publicó su primer poema: La calle.
Solitario, siente que apenas ha nacido a pesar de estar abrigado por muchas compañías. Fueron muchos años los que tomó su formación. Su obra ha sido un parto doloroso. Estudiante aventajado de geografía. Agustí Bartra, poeta catalán, lo anima a seguir escribiendo. Después de conocerlo Bañuelos lo presentó con el grupo, que después sería conocido como La Espiga Amotinada, en honor a su primer libro, publicado con la ayuda generosa de Bartra. Posteriormente los integrantes de este grupo fueron acusados de “manchar la poesía” de pasión social e intereses políticos. También conoce a Luis Cernuda en México, después encontraría a Huidobro y a Neruda. Al descubrir al peruano César Vallejo –gran influencia para su obra- se dijo: “éste habla igual que los indios de Chiapas.” Al poco tiempo, en 1968 recibe el Premio Nacional de Poesía, justo cuando los jóvenes del mundo estaban más decididos que nunca a tomar partido de su realidad y tiempo después de que Octavio Paz advirtiera que su poesía: “es poderosa pero su peligro no es la dispersión sino el ruido: la retórica de la fuerza”. Con este premio a cuestas y toda su vida vestida de hojas en blanco consigue su primer empleo como corrector de estilo en editorial Novaro. En 1978 recibió una invitación para viajar a Baja California y de allí saltó a San Francisco. En esa ciudad se reunió con el mundo beat de la librería City Lights Books. En 1984 recibió el Premio Chiapas por su trayectoria literaria, monto que donó a los refugiados guatemaltecos en México y lo puso en manos de don Samuel Ruiz, entonces obispo de Chiapas. En 1987, viajó por Italia, Grecia y Turquía leyendo poemas y dictando conferencias. Allí recobró la pasión por las raíces y los mitos.
Así pasaron muchos años, durante los cuales Chiapas, fue para Bañuelos “una cosa nada más de añoranza”. El levantamiento indígena de 1994 se convierte en una nueva esperanza para el escritor. Aquel escenario que sólo le indicaba el recuerdo y la mágica urdimbre de la sabiduría ancestral pasa a ser el plano principal de su estancia en el mundo. Crítico del totalitarismo de la usura y promotor de la política como humanismo, regresa como miembro de la Comisión Nacional de Intermediación por la Paz (CONAIP), siendo figura relevante de las iniciativas ciudadanas por encontrar una salida justa al conflicto. Bañuelos asegura que lo mejor que le ha pasado en su vida es volver a Chiapas, ser uno de los promotores por una paz digna, que se reconozcan los derechos de los indígenas, conocer a los indios más profundamente y ser partícipe de sus demandas. Afirma en sus palabras: “Mi regreso coincidió con la invitación a formar parte de la CONAIP, que me encargó la tarea de organizar las mesas de diálogo entre el gobierno federal y el EZLN. Desde entonces he conocido la realidad lacerante en que vive la comunidad, el drama visto a través de la cosmovisión Maya.” El poeta recobró entonces el contacto con el mundo indio que había conocido desde su niñez y alimentó su obra con él. ‘‘un retorno a la razón y a la naturaleza. Es el retorno a los orígenes que, en mi caso, y lo digo con cierta pena, fue descubrimiento”. De este retorno surge su obra: A paso de hierba. Poemas sobre Chiapas con la que obtuvo el premio especial de poesía José Lezama Lima que otorga Casa de las Américas en el año 2004. Con este poemario, Bañuelos conmemoró sus 70 años de vida, y se hizo también acreedor al Premio Xavier Villaurrutia.
LOS ESPEJOS HUMEANTES
La memoria es un lugar común para este poeta. La voz de su palabra se encuentra combinando algo del presente que lo desvela y del pasado que aún palpita en las montañas y entre la lengua indígena y el brillo de la piel. Las formas epigramáticas que adquieren sus poemas son una revelación de un pasado voluble, que permanece en la imaginación y que como tal, se cree en la fantasía del tiempo en la que cada quien se revela. Bañuelos ha continuado hilando el gran telar, la urdimbre del tiempo que esta presente en cada huella y en cada mexicano. Según Gerardo Matus, Para este poeta la poesía nace del asombro y de las contradicciones de la realidad. Asume un compromiso estético y social; Se impone entonces la lucha entre ser nadie y ser todos; entre ser las cosas y ser la nada. Al igual que Faulkner, Juan Bañuelos cree que es privilegio del escritor ayudar a que el hombre resista. Para que, desde la poesía, lo profundamente humano prevalezca. “Todo poema indecible nace de un modo extraordinariamente indecible. Es el nudo de muchos vientos y de muchos ojos” su cercanía con los procesos políticos de su país le ha permitido tener contacto con la situación de su cultura diversa y con las propuestas de transformación que atraviesan su territorio y lo hacen participe de sus proclamas, entendiendo estas experiencias como parte de ese acertijo ancestral, que aparece en su poesía mostrando el contraste entre un mundo que apila sus normas de concreto y otro que despeja el cielo para leer su historia.
El reconocimiento que hace de lo sagrado “Bañuelos extiende sus propias alas y se eleva hacia las alturas de su horizonte interior. Desde esta posición, la del ser consciente de la realidad que observa, la del espíritu sensible comprometido con la humanidad toda, Bañuelos se identifica con los desheredados del planeta, con el dolor de los que no alcanzan el beneficio de la justicia social, con las voces que denuncian el crimen del hombre contra el hombre.” (Gerardo Matus)
La obra de Juan Bañuelos circula por el mundo en numerosos idiomas. En 1968 ganó el Premio Nacional de Poesía (Aguascalientes), en 1984 recibió el Premio Chiapas por su trayectoria literaria, monto que donó a los refugiados guatemaltecos en México, EN 1987 recibió el premio de poesía Palermo (Italia). “Juan Bañuelos es una de las voces más poderosas de la poesía castellana”, resume la opinión de otro gran poeta, Juan Gelman. Puertas del mundo, 1960; Espejo humeante, 1968; No consta en actas, 1971; Destino arbitrario, 1982; Escribo en las paredes; Destino arbitrario, Moralidades y epitalamios, Coyote azul con guitarra, Vecinosinconjuntos y Nómadas de la aurora boreal, aparecen con la leyenda de inéditos en el libro que los reúne: El traje que vestí mañana, México, 2000.
UN POETA CHIAPANECO
“El siglo XXI debe ser el de los indígenas para lograr un equilibrio en América Latina”
El Coyote Emplumado
está vivo
—late su corazón
en mi palabra.
“Si algo he aprendido de Chiapas y de mi pueblo indígena, es a interpretar lo sagrado”. Con estas palabras Juan Bañuelos hace una afirmación de descendencia sobre la tierra y la cultura que lo vio nacer. De esta relación entre identidad y poesía ha surgido una celebración entre la imaginación y la naturaleza, que se desenvuelve en los versos de este escritor; como si se tratara de un territorio explorado por diversos ojos, pero sólo visto por los que tiene acceso al sueño y a la mirada oculta que guarda lo sagrado en abismos sin tiempo. Este chiapaneco recorre la realidad con ojos antiguos muy presentes y provoca el encuentro de misterios, afirma el poeta Juan Gelman. Las condiciones sociales le han permitido regresar, pero la arraigada posición de sus palabras le ha dejado mantener los colores de Chiapas, los rostros de sus pobladores, los olores, las tristezas, los amaneceres, incluso el registro y la sintaxis con la que hablan los indígenas. De Chiapas podemos decir que como territorio Maya y como territorio Mexicano ha sufrido y padecido a lo largo de su historia, un considerable conflicto social fruto del escaso grado de inserción en el marco político-institucional de su población indígena; así como del nivel de extrema pobreza a la que ésta ha sido sometida por los sucesivos gobiernos con que ha contado México.
De este territorio y de estos problemas es originario Juan Bañuelos. Su infancia la recorrió entre estas imágenes ancestrales y dolorosas, por esta razón divide en dos su vida en Chiapas: un antes y un después de la madrugada del 1° de enero de 1994, cuando miles de indígenas agrupados en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se alzaron en armas cansados del hambre, la miseria y la marginación, exigiendo tierra y libertad. Bañuelos dice en una entrevista: “Chiapas siempre estuvo presente en mi obra, pero antes de 1994, era para mí como un símbolo de la nostalgia, era como ver el desenlace de la cultura prehispánica. De esa primera estadía, durante mi infancia, recuerdo el sufrido aislamiento en el que vivíamos(…) Hasta 1959 no hubo carreteras que nos unieran con el centro de México, por lo que la relación era mayormente con Centroamérica. La falta de comunicación hizo que yo leyera primero a Rubén Darío que a los propios mexicanos, por eso digo que en Chiapas comienza Centroamérica.” Comprometido abiertamente con la causa del EZLN desde el levantamiento indígena, Bañuelos retornó a su tierra, luego de años de ausencia. La cultura, la mitología, la cosmogonía de esos pueblos lo llevaron a redescubrir y reinterpretar una tradición que supuso también ”un retorno a la razón y a la naturaleza.” Bañuelos declaró que “el siglo XXI debe ser el de los indígenas para lograr un equilibrio en América Latina”. Esta consigna está presente en su obra A Paso de hierba… que refleja la vida en Chiapas, “esa zona mexicana que posee una identidad, cultura y hombres con mucho ingenio, que luchan por una vida mejor.” A sus 70 años de vida, Juan Bañuelos está convencido de que la democracia y la paz en México no existirá sin la poesía y la sabiduría indígena.
Profecía inmediata
Me salgo de esta hoja.
No sirve ya el papel.
No sirve el llanto.
Vengo de dar un doble puñetazo
En la mesa del hambre y de la usura.
Vengo de atar el miedo a un rayo desbocado,
De recoger la nieve que desciende,
De convertir mi alma en una seca piel.
Vengo de dibujar el blanco
de una bala en mi frente,
de llevar la mañana a los ojos nublados,
de sacar a la calle al luto y la fiebre.
No sirve ya el papel.
No sirve el llanto.
Escribo en las paredes.
Fiesta
Venir de siempre
Mientras sube ese olor de las acacias.
El mediodía con sosiego
Lleva en los hombros un tigre quemado.
Amor,
La lluvia nos ha hecho
Semejantes a dos gotas de agua
En una misma hoja.
Habitante amoroso
Apenas la noche ha cerrado su sombra completa.
Lo que suena después no es el río
Ni las hojas del aire ni el pez de la niebla.
Es la hambrienta distancia que llega rompiendo las aguas
Y el monte que cede al recuerdo y te nombra.
Lo que el tiempo nos niega,
Lo que arranca el deseo,
Lo que acecha a mis venas
Es saber que te hallas tan sola
En el viento y el yeso callado que muere
En tu boca.
Ay no saber que esta historia
Tiene sólo en el musgo las letras
Con que escribo en la roca,
Y sentir que en el puente que une tus cejas
Mi destino crascita zozobra.
Habitante del frío,
Tañedor de la ausencia,
Lo que en llama es magnolia
Te hace víscera el llanto escondido,
Te hace espada la hoja del viento
Que el dolor en amor nos ahonda.
Porque salgo a la noche y te llamo
Y llorabas y el aire afligido
Y el espanto tan tierno, y mi cuarto
Y tu boca qué enjambre
Qué enjambre de húmedas sombras.
Melancolía en la escala del ser
Atrapados los astros
En la vía Láctea
Los caballos se mueven
Al paso de la luna
La noche
Al pulso de una arteria
Los árboles
Al ritmo de las aves
Los hombres
Al peso de la niebla
La niebla
Al soplo de la llama
Anidando en las edades
De insectos y de pájaros
Los minerales crecen
La piedra se organiza
Con el solo murmullo
Del río que la destruye
—– El resplandor del ser
No es una estrella calcinada—–
Hablar es abismarse
Pompeya, Italia, 1987
Cántico del mar Egeo
No te detengas en el puerto
Cuando silben los barcos.
El que zarpa es el tiempo.
Pensemos otra vez
Las cosas
Desde el inicio
Del viaje…
(hemos doblado
Y desdoblado tanto
Las ropas
De nuestra vida.)
Como el caballo
Se empina relinchando
Y erguido sobre
Sus ancas se mantiene,
Así la ola del tiempo
Te salió al paso.
Mas no te quedes en el puerto
Cuando silben los barcos.
Los pies del puente ondulan con el agua.
La travesía no es la misma luz
De tu semblante.
(Poemas tomados de El traje que vestí mañana. Juan Bañuelos)
ARTICULOS ANTERIORES:
memorias de la memoria
Disquisiciones en busca de un significado
“LOS ANTIFACES DE LA INTRIGA”
“Las cosas viejas, tristes, desteñidas,
Sin voz y sin color, saben secretos
De las épocas muertas, de las vidas
Que ya nadie conserva en la memoria,
Y a veces a los hombres, cuando inquietos
Las miran y las palpan, con extrañas
Voces de agonizante, dicen, paso,
Casi al oído, alguna rara historia
Que tiene oscuridad de telarañas,
Son de laúd y suavidad de raso.(…)”
Jose Asunción Silva (Vejeces)
A menudo se habla de ella como si se tratara de un fantasma, su condición de utilizada y desprotegida la ha dejado a la deriva de las especulaciones. Se dice de ella, de La memoria, que se vende al por mayor en las bisuterias o que los grandes tecnólogos le han diseñado un nuevo y sofisticado soporte para que guarde más información de la que acostumbra y tenga la seguridad de evitar los virus y las incertidumbres. Su pérfil dentro del catálogo del lenguaje es la de “Multifacetica”, “Politeista”, “Palabra hurtada, clonada, traviesa”. La Memoria se ha hecho un complejo ovillo que cada uno utiliza a su manera y cuando se habla de ella procuramos detenernos, meditar, reconocer a que tipo de memoria se refieren.
La memoria se encuentra sujeta también a lo que considere El olvido. El olvido, como aliado o como enemigo, la conoce tan bien, que se apadrinan mutuamente y saben guardar sus secretos. El concepto que se maneja sobre “Memoria” es el de “Retención o almacenamiento del conocimiento”, tiene gran cercanía con el aprendizaje, con los efectos en el comportamiento y la asociación de ideas y hasta los grandes pensadores de la psicología han creado una taxonomía de la Memoria afirmando que existe una memoria refleja y otra declarativa. Se dice de la refleja que “se acumula por la repetición de una misma actividad” y de la declarativa que “depende de la conciencia para su adquisición y recuerdo” y que “la repetición constante puede convertir una memoria declarativa en refleja”.
Así las cosas, como simple ciudadano con intereses por conocer sobre la memoria de una forma que se pueda hablar de ella con acierto, continúo reflexionando con la enciclopedia en las manos y escuchando las noticias nacionales sin saber que concepto seguir o a quien hacerle caso. Es dificil acertar a una sola opción. Lo más sencillo es tratar de buscar un sentido que combine las miradas científicas con las de la vida cotidiana. En este sentido se puede afirmar entonces, que nuestra memoria como sociedad es Refleja, pero necesitamos una memoria declarativa para dejar la refleja en el olvido, como al parecer lo necesitamos. Pero esa opción no es posible según los científicos ya que la memoria declarativa se puede convertir en refleja y no la memoria refleja en declarativa. ¡Que embrollo! Lo único cierto es que la memoria la hemos ido perdiendo paulatinamente, hasta el punto de volver a repetir los mismo errores y las mismas circunstancias en las que nos equivocamos.
Pero no vamos a otorgarle la culpa a los psicólogos, ni a los científicos que hablaron y bautizaron la trajinada memoria. Además, si nos ceñimos a esta idea admitiremos que ya hasta los culpables han quedado en el olvido y quizás esa sea su mejor estrategia. Durante el año 2010, que ahora termina, hemos escuchado en todas las calles, desde todas las bocas, por todas las emisoras, los periódicos, los altoparlantes, el tema del Bicentenario y la conmemoración de los doscientos años de “nuestra independencia” y han surgido tantas versiones difusas y enmascaradas, puestas con Antifaz en boca de todos los oyentes que nadie ya se sabe como es el cuento. Algunos creen que los proceres son una especie de superheroe porque hablan de heroinas ¿y entonces el narcotráfico? Y esto es tan solo un ejemplo de los tantos temas que pasan por nuestras miradas con el antifaz que algunos pocos les imponen. En últimas, la misma memoria se ha convertido en un especimen mutante que a veces asusta y en otras protege.
Y mientras la memoria es superada por el instante, seguimos al tanto de lo que ocurra cada día, sin preocuparnos por el bochornoso precio del recuerdo. Somos una sucesión de instantes que se repiten día tras día año tras año, y olvidamos y volvemos a repetir constantemente. Sin embargo, las tiendas audiovisuales que juegan con nuestra memoria, saben que nada puede hacerse para ocultar ciertos hechos que salen a flote por nuestras vidas y nuestra sangre y están tan presentes que nadie puede ocultar. La historia la llevamos presente en el color de nuestra piel, en nuestra voz, en las costumbres, y la solución que han diseñado es tergiversar la historia y la memoria a su antojo; imponiendonos escenas difusas de nuestro trasegar por el mundo.
Y observo la televisión con la enciclopedia en las manos. Es la final del campeonato mundial de Futbol y un pulpo hace las veces de memoria comiendo salchichas en un acuario. Ha determinado que España será la vencedora. Y cierro la enciclopedia, subo el volumen. Es el bicentenario de nuestra independencia sobre España, y España la lleva, contrataca, se saca uno, se saca dos, tres y… ¡gooooooooooooooooooooooooooooool! España gana la copa mundial de Futbol a los doscientos años de que los “sudacas” nos independizamos de tan majestuoso país. Compro el pan en la esquina, las tiendas están alborotadas, todos gritan vivas por tan excelente país que gambetea de forma tan magistral un acontecimiento de tanta envergadura. Dicen Oleee, Oleee, se pintan la cara con la bandera de España. Salen caravanas, se celebra… “pero si nosotros llevamos esa sangre, Somos Españoles, no ve que nos conquistaron, entonces ganamos la copa del mundo” dice el señor de la tiende a otro de sus clientes mientras se olvida de darme la “ñapa” que acostumbra en la bolsa del pan.
Es intrigante toda esta situación, sin embargo, sigo en mis búsquedas sobre tan importante significado. Saber algo de la memoria en estos tiempos es como ser El Quijote, defenderla es como sentirse Caballero en este tiempo de misterios e instantes pasajeros y telenovelas ilustres. Aunque no está de más hacerlo, develar lo que ocultan los antifaces, sustraer el misterio de las fauces de las tiendas virtuales y televisivas y volver a hablar alrededor del fuego con la tradición que algún día cautivó nuestras visiones, cantandonos al oído alrededor de la luna la oración de los primeros pobladores, de la magia de los que fuimos antes de ser este ahora sin retorno. Aunque no están y el fuego no es una fogata, apago todo, me desconecto, y los gritos del pasado salen a florecer en el presente. Descubro que no fue sólo un grito el de la independencia y que si así lo fue, aún lo escucho. Son varios, y que todos hablaron del florero, de su material noble… pero no de las flores, no de las flores.
Jorge Valbuena
Columna:
Posibilidades remotas
Facatativá, Cundinamarca – Colombia. 1985. Licenciado en humanidades y Lengua Castellana, Promotor de lectura y escritura, Gestor cultural, especialista en creación narrativa. Obtuvo el premio Departamental de Poesía de Cundinamarca (2008) con el poemario Presos y el Premio de Poesía Revista Surgente (2008) con el poemario Los arados del parpadeo. Su obra “Péndulos” fue reconocida con el primer puesto en el concurso Bonaventuriano de poesía (2010). Su poema “Abismos del silencio” fue ganador en el concurso nacional de poesía “Palabra de la memoria” (Universidad Central - Bogotá 2010). Participó en el XIV Encuentro Internacionalintegrante del colectivo literario LA RAÍZ INVERTIDA.
Contacto: www.lacropolis.blogspot.com
Correo electrónico: letrasjv@reddoornyc.com
Nombre de la columna: Posibilidades remotas