Al Poeta

Homenaje al Poe

A Ricardo León Peña-Villa

1962-2011

In memoriam

*

Ricardo y Tango en Umbrella – Archivos de Tata

*

Decir New York

Me gusta cuando alguien dice New York
Y piensa en mi nombre
En mi locura
En el pelo largo de rebeldía silenciosa.

Entienden los amigos lejanos
Que soy su extensión en la Babel moderna
El que se habita de ellos lontano
Y por ende, sus imaginaciones vuelan
Se atan al hilo invisible
De la no ausencia.

Marco a New York
Cada vez que puedo
Y sin embargo, el infinito verso
Es un sello de la ciudad en mí.

Hago un réquiem por los que se van
Por los que no han venido
Y por los que aquí habitamos.

Todos deberían venir una vez.

Ricardo León Peña-Villa
ñy

Fríos paseantes en la nieve.by ñ

*

poe… – Archivos de Tata
el amoroso… – Archivos de Tata


*

Que se hable primero, del amor.

Tata y Richie, en Amor – Archivos de Tata.

Te espero amada

Lo único que tengo es la vida.

A Tata

Horas de la madrugada en que ausencia es tu presencia

a 3.000 y tantos kilómetros verticales

y vueltas que da el mundo

de encontrarse dos

cuando uno ni otra lo esperaba.

Horas en que juego el amor y la esperanza

que sumados, son la vida que me queda

pues han pasado años gastados

y tal vez, son menos

pero con amor, habrán de ser más.

Y es con vos

con tu nombre de canción

Tata/ ta ta ta, Tata…

como un compás nuevo

para una canción

de nunca acabar, y que es feliz.

A estas horas borro soledades

y espero al calendario y su paso

al amor y su espera

a la vida y su pago de compañía.

Y te amo amor

por tu ritmo de canción

por lo soñado que nos toca a los dos,

y por el verbo amar

que entre vos y yo, es a par.

Vos sos mi palabra nueva de amor,

y ese es mi interés

y a la vez, tu ganancia.
Ricardo León Peña Villa – Cuando le dijo NO a la soledad… y eran 2.

Una vez, y es hoy, tuve el sueño de volar y solo era mariposa. Me pensaba poco entre la furia del viento, me sentía todo en mi viaje sin rumbo.

Adornado de colores solo me atormentaba la soledad. Tuve miedo. Tuve frío. Tuve un estertor inmenso en mis alas, sin embargo, batiendo y batiendo el vuelo, le confié a la suerte mi corazón.

En abril, y era primavera, apareció una bella alada nombrada Monarca, y para mí fue Princesa.

Ella sabía, sentía y pensaba lo mismo que yo acerca del amor, acerca de la soledad. Era un dictado el hallarnos; igual fue dictada la historia sánscrita, la historia del amar y su viceversa entre ella y yo.

Hoy soy feliz y es la eternidad, basta decir que entre ella y yo tenemos mil colores, y siempre paseamos cerca de los enamorados, para que ellos sientan lo frágil que es el amor ante las tormentas de viento.

*Mitología amorosa de las mariposas que se amarán por 47 años y la eternidad

RLPV Medellín, agosto 21 de 2009

Dictado a Tata Lopera, su amada, 7 días antes de casarse.


__________a ti, poe nuestro _________________

Lanzamiento de Gardel vive en Guarne - Archivos de Tata.
Lanzamiento de Gardel vive en Guarne – Archivos de Tata.
8 de Abril - Archivos de Tata Lopera.
8 de Abril – Archivos de Tata Lopera.


Ricardo León Peña Villa: una poética práctica y de lo amoroso.

Por Gabriel Jaime Caro (Gajaka)

Gajaka y Peña Villa 1997 – Archivos de Gajaka.


Ricardo León Peña Villa se ha hecho para la poesía, para su lenguaje de inventos, al decir de José Gorostiza, con alma y cuerpo, espíritu de amistad, amor a la memoria y por ende a la humanidad artística; cetrería en el deseo, más halla del bien y del mal, o mejor mas allá de la pompa imperial de esos Borbones con esclavos (recordemos esas riñoneras para que escupiera el duque en sus viajes de negocios)…Por decir algo que nos duele hasta el Dédalo de nuestra inmoralidad.

Y tirado a la suerte me encuentro con un escrito de Georg Gadamer y su crítica, a mi crítica a los poemas de Ricardo León Peña Villa. Por una poesía práctica con el absoluto ego de la sabiduría. Es entonces una poesía práctica, siguiendo el itinerario de sus libros publicados; un elemento mas con el que vivimos, donde nos encontramos todos. Cito: “tres palmadas para el amor”

Y póngase a pensar.

Nos recuerda que con su madre,  Imelda Villa, descubrió algunos poetas románticos y modernistas: Amado Nervo, Ezequiel Martínez Estrada, y Manuel Gutiérrez Nájera. Ambos, madre e hijo, se leían sus poemas; y de ahí Ricardo saltó a la calle en el barrio Santa Lucía de Medellín, en busca de la busca, en este caso: de la imagen a digerir.

Y después de conectarse con los últimos días del poeta Darío Lemos (no a ese nadaísmo avaro, del que se mofaría hoy en día Quevedo y Villegas, que olvidó a sus hijos (Lemos y algunos otros desparramados como enloquecidos solitarios con miedo a la soledad de la tabula rasa)… Después de la muerte del gurú del dadaísmo, el poeta Gonzalo Arango (con su vestidito ajustado de los años sesenta, con hambre de revoluciones por minuto).

Otros buenos de la camada: X- 504 (J.J.E.), solitario y trémulo con sus “Poemas de la ofensa” y “Sombrero del ahogado, unido al poeta Verano Brisas, hacen una pareja talentosísima. Almílcar U (“El intelectúl”. Jaime Espinel, Alberto Escobar, Armando Romero (“El poeta de vidrio”), o quizás Elmo Valencia y su “Culo de Botella”…

Si no, la voluntad de dar para recibir, marchó a Nueva York, llenito de expectativas para la urdimbre de contactos sonados, dejando los talleres de la Biblioteca pública Piloto con Manuel Mejía Vallejo, y al olvido de sus trágicos días en Medellín, cuando la ciudad se encendía de odios en la década de los ochenta. Como si la absoluta mezquindad nos atrapara en la catedral sumergida hacia la destrucción de nuestros más efímeros principios de existencia y comunicación; de allí, donde no lo hay, si éste está supeditado a la mafia de la fiesta comprada.

Otra cosa (va de retro) es la fiesta inolvidable que veíamos en el cine.

Y Ricardo comenzó e hizo, hace, afirma, niega, concluye, continúa su fiesta inolvidable en Nueva Cork; casi elegido por J. Mario Arbeláez, para que fuera el papizo del nadaísmo desde esta ciudad y, traza su poema de la soledad (de mil colores): “Brown and Blue”, con el que gana un premio nacional de poesía en los Estados Unidos.

Y todo era una revolución pacífica (zaratustriana)

Ricardo, Comas y Alonso, 1995 – Archivos de Gajaka.


Y es por los afectos, el eterno aprendizaje de los vencidos fachos en tu casa, por el cual dimos la cara en la capital del mundo, y más concretamente en el edificio tomado de sus sueños: Umbrella House. Allí el poe, como se le decía con valentía, se hizo reportero, cronista, curador de una nueva etapa del arte latinoamericano en la tierra del Tío Sam; cofundador de la revista la ñ, como una respuesta más de la emigración poética y artística de los principios de los noventa, en “Puerta 10” (territorio neutral, yet?), dándole la entrada a todos nosotros al Loisaida del East Village. Nosotros éramos los recién llegados artistas jóvenes de todo el continente latino.

Ya teníamos desde 1984, nuestra revista de editores de poesía sobre la poesía americana, al decir de Lezama Lima (Realidad aparte), con sus procesos de edición, y lo más hermoso la hiperplaxia verbal o barroca, desmovilizada de ghettos hispanos patógenos, y así compartimos este otro proyecto cultural de Puerta 10 (La ñ),  con los amigos que hacían arte y poesía en llamados abiertos, trabajo que compartíamos con el poeta y escultor Juan Salazar Sierra, ahora en Pereira.

Ricardo Peña y yo, el otro que se niega, sobre el caballo de Troya en el arte neoyorkino, con permanentes recitales de poesía, exposiciones de pintura, danzas, aniversarios motivados por el desorden amoroso de nuestras existencias en el exilio voluntario. Participando de los mítines de los Okupas (hoy Squatters) y sus procesos transitorios de paz, por mejorar el estilo de vida, con sus viviendas tomadas por el abandono en que estaban los edificios, desde los incendios de la década de los setenta.

Gajaka en el consulado de nueva york – Archivos de Gajaka

Y en medio del trajín cultural, sus libros de poesía.

Y así llega el poemario “Tigre de Aires” (Medellín, 1993), edición bilingüe y “Treintaitres” (1996),  que servía de taller, de lectura de presentación en su casa alada, sesgada (helada y desnuda), para todo el que se integraba con placer a sus escritos, y el diálogo positivo por liberarnos de nuestras ataduras en el imperio disimulado. No de una cetrería machista, repito, porque machista llegaría a ser yo también (si no es por la riqueza de lo relacionable). La libertad del solo, porque Ricardo nunca ha aceptado las ataduras matrimoniales, y de ahí la desbandada de sus concubinas maravillosas, y sus bellas poetisas celosas a más no poder.

Realizamos proyectos muy nuestros: como los talleres de pintura, teatro, de ahí mi show poético “Marilyn Monroe en el cielo poético del Morocco”, del cual fue mi productor, y del que recibí mi patadíta (dice Ricardo que en el culo) en el escenario del “Nuyorican Poets Café” (en 1997), nuestra casa poética y de diversión multicultural. Luego muy enteraditos llegó el primer premio de Poesía “Poeta en Nueva York”, con la participación de más de 100 poemarios de toda América latina. Memorable premio que selló la unión entre ambas revistas: Realidad aparte y la Ñ.

La fiesta inolvidable comenzaba siempre con tertulias, encuentros con místicos de la nueva Era, mezclados con nuestra ternura de Ángeles peripatéticos, algo así como bailando con la máscara de la Madonna con política incorrecta. O el tango muñon, la de mentira, de mentira bien de veras. El tango de Rubén Juárez.

5 Poetas en el estreno del Marilyn, 1997 – Archivos de Gajaka

Encuentros con grandes amigos, que llegaban desde los más exclusivos barrios citadinos del continente a su piso de murallas malditas: Alberto Arango, Catalina Santamaría, Francisco Zumaqué, Wilfrido Vargas; las poetas de Puerto Rico, Mairym Cruz Bernal y Nicole Cecilia Delgado. Germán Jaramillo, Jaime Jaramillo ‘Papá Jaime’, los músicos venezolanos los Hidalgos, Claudio Negrete, Flora Martínez, Herman Moreno, Tola y Maruja (las originales), Sheila Candelario, Ramiro Sandoval, el poeta salvadoreño Otoniel Guevara, Nacho Martínez, Nacho Vélez. Pedro Prieti, in memoriam. Wilson Burbano del Hierro, María Ruiz Castillo “La madrileña”, Alex Sterling, raperos y músicos latinos del latín jazz, Pablo Mayor, “Tráfico Pesado”, cineastas (Juan Fischer, entre otros), Luís Javier Henao Uribe, Diana Solórzano, Manuel Tiberio Bermúdez, la Cúpula del nadaísmo bogotano, y no pare de contar.

Ricardo inspirado en su espacio mágico con esa búsqueda de comunicaciones ancestrales, escribe una novela con los lamentos de una existencia que siente todavía, como es la de “Gardel vive en Guarne” o Gardel Inoxidable, que permanece inédita. Una novela que involucra a seres muy especiales que viven todavía como el zorzal criollo.

Recuerdo con mucho placer nuestro paso por “el diario/ La Prensa” de Manhattan, haciendo entrevistas, como reporteros, y críticos de cine; justo cuando cayeron las Torres Gemelas, mil veces negociadas para su destrucción. Sus premios nacionales de periodismo por la última entrevista a Tito Puente, Héctor Lavoe y Celia Cruz. Y el rock en español que presagiaba el gran mercado de este Dos Mil.

Y siempre muy orondos y vestiditos a la usanza en el “Nuyorican Poetas Café”,  el café bar de la generación beat latina.

Gajaka en el nuyurican poets cafe – Archivos de Gajaka.

En España publica un nuevo libro de poemas, poseía reunida bajo el titulo de: “Decir New York, testigo propio”, con ediciones Menchaca, en el año 2002.

En 2005 nace CASA TOMADA, con corresponsales en todo el mundo. Revista ilustrada, que contó con la participación de artistas gráficos y pintores (José “El diablo” Osorio, Rubén Crespo), muy unidos con Umbrella House, de donde sale este milagro de la bondad y la ternura: sus cinco ediciones de periodismo investigativo.

Publica en el 2006, “Loisaida Historias del frío”; por la editorial Palabra Viva de Medellín; un libro de cuentos, logrando un éxito inesperado como cuentista autobiográfico.

Y recientemente pública un tríptico de poesía, bilingüe, llamado “SINASCO”(sindicato de astronautas colombianos) con los jóvenes poetas colombianos Diego “lírico” Vargas (de la sucursal del cielo) y Nicolás Linares Sinasco (de los altos del zipa y el zaque: la nueva sangre de Umbrella House.)

Para finalizar continuando.

“Sólo a ti, solitario cuando lloras.” (Quevedo)

¿Qué o quién han atentado contra esta poesía practica?: la ciencia del odio y del desprecio, de la envidia sofocante del ignorante porque si, y póngala como quiera. Mejor sigamos los consejos de nuestros maestros cuando nos dicen ante nuestra pregunta: ¿qué haces? Yo, estudio a Aristóteles.

Una experiencia que todo lo rodea o rodea todo nuestro invisible ser con sus virtudes éticas.

Su imagen en la música, un fuerte de encuentros con músicos de todas las categorías del Bilboard. Nuestro davinchesco amigo, también es compositor y arreglista: “Papá y Mamá”.

“Somos exactos en la alucinación”, alguien dijo, de ahí que la riqueza de dos gemelos, podría llevar implícito el rapto del deseo suspendido en la escasez de orbita de nuestros deseos: Ricardo León Peña-Villa, “el encantador de serpientes”, como alguien le dijo en El Colombiano.. Aquel que le ha robado los oídos sagrados de las mujeres, al fundamentalismo aberrante del cuadrimencional estado de la semiinconsciencia abrahamnística.

Mejor dicho, hagamos que salgan a la calle y a las esquinas aquellas personitas: Elena y París, Diana y Diano, que solo esperan que en Medellín y todo su valle de Aburrá,  triunfe la mitología griega.

Yo así si salgo, con la sonrisa alciónica de Dioniso….Porque el arte griego era público.

A Mateo Navia, por la lectura de poemas escogidos de R.L.P.V. en OTRA PARTE (Envigado), en abril 11 y 2008

 

 

“Del ensimismado

 

Digo palabras tontas en busca de las ciertas,

Soy un necio mientras espero que la verdad me toque.

Cuestiono al idiota para ver que tan vivo está el inteligente.

Mis palabras me llevan al absurdo

Zigzag y laberinto concatenado

De un orden no presentado

Placer de oír lo por escribir.

Mis palabras que no tienen nada de cortas

Presumidas, sin tiempo para considerarlas,

Repito, dictado (después es que levito sobre lo que dije…)

La vida, las palabras y ese eterno viceversa”.

Ricardo León Peña-Villa

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FLORES ROBADAS PARA EL POETA DE UMBRELLA HOUSE

Por: Nicole Cecilia Delgado.

A la memoria de Ricardo León Peña Villa, el poeta okupa del Lower East Side.

[8 de abril de 1960 – 11 de marzo 2011]

Recuerdo: La primera vez fue en Vieques en el 2002: te fumaste solo todo lo que llevábamos de contrabando a la isla y aún así me maravilló tu brillo, tu salsa, tu cumbia, tu ritmo, tu flow, tu bufanda anaranjada, tu sombrero blanco. Allí también estaban Pedro Pietri y Ángel Pont. Yo era estudiante universitaria y nuestro enemigo común era la marina de guerra de los Estados Unidos. El mundo empezaba a ser color poesía.

Recuerdo: La segunda vez fue en 2003; me acababa de mudar a Nueva York y te encontré de casualidad en la calle, a media cuadra de tu casa voladora. Poeta, vente a mi casa, me dijiste, y me abriste la puerta al salón de los espejos. Fuiste lo más importante de mis años de Nueva York. Contigo, desde tu casa, aprendí a leer poesía en voz alta, aprendí mi voz. Después me llevaste de la mano a conocer a tus amigos en Medellín y gracias a ti publiqué mi primer libro (ese libro infantil lleno de pelos que ahora me da pudor). Las mejores fiestas, los mejores amantes de esos días infieles, las nevadas más largas, las carencias más secas, el arroz más infinito, el tango más peludo, las complicidades más secretas, las noches más amargas, las risas más honestas, mi casa favorita. Tu casa era nuestra casa, nuestra de tanta gente. Me atrevo a decir que fuiste el padre de los poetas y artistas que migraron a Nueva York en los dosmiles, de los poetas y artistas hispanohablantes que llegábamos perdidos a esa casa Umbrella House, la casa amarilla del poeta ocupa de quien se hablaba tanto en tantas partes. El poeta underground, infinito y generoso. A veces te enojabas de que fuéramos tantos y nos sintiéramos tan bien y no pudiéramos irnos. Pero sé que te encantaba ser el rey de casa, rey anfitrión, tomando coca-cola y whisky como un loco, mirando a los más jóvenes desaparecer desnudos en la madrugada, de dos en dos, de tres en tres, de más en más, a la azotea del edificio liberado. Ricardo como un recuerdo, solías decir, Peña como una piedra, coqueteando hasta con las sombras de las escobas. A veces tú también tenías suerte. Esos días la fiesta duraba más. Todo lo que recuerdo de ti está cubierto de magia y libertad.

Recuerdo: Yo acostumbraba robar flores de la tienda china de la esquina para llevarte de regalo. No había nada que pudiera comprar que valiera lo mismo que tu alegría. Te traje flores robadas, te decía, luego ponías a Nina Simone, me pedías que fuera a la cocina por un florero, que pusiera las flores en agua, que las llevara a tu altar y que le prendiera una vela a la foto de tu madre. Estabas lleno de fe. Esa fe mágica a la que sólo tienen acceso los poetas. Poeta, de ti también aprendí la fe.

Recuerdo: Largas tardes de verano escribiendo artículos y corrigiendo pruebas para nuestra hermosa revista de cultura latina de Nueva York, Casa Tomada. Periodismo cultural salir a la calle a hablar con la gente más loca de la ciudad. Por esas fechas vi a un señor suicidarse tirándose a las vías del subway en Brooklyn por la mañana y por la tarde fui a tu casa, pasmada de la impresión, a contártelo todo. Me encantaba ir a tu casa por las tardes, saliendo del trabajo. Allí podía olvidar que yo también era esclava voluntaria del sistema, del engranaje del capitalismo. Estar cerca de ti me daba fuerza, tu forma de existir en el mundo era el vivo ejemplo de que se podía vivir de otra manera, aún en la ciudad más cara del hemisferio, y que por más necesidad que se viviera, no había necesidad de tirarse a las vías del tren.

Recuerdo: Ese verano comimos hongos mágicos y nos fuimos en taxi a bailar a Central Park como dos mariposas embrutecidas. Recuerdo haber visto el fin del mundo en ese viaje, el fin del mundo y un montón de niños enfangados. (Siempre veo el fin del mundo cuando salgo de viaje). Me perdí durante horas en el parque, pero después pasó una comparsa, había una feria y apareciste tú muerto de risa, flotando.

Recuerdo: En tu casa (o gracias a ti) conocí a muchas de las mujeres más importantes e impactantes en mi vida: Tanya Torres, Elisa Montesinos, Natalia Aristizábal, Karina Claudio Betancourt, Nanda Arias, Marielkis Lledias. Siempre estuviste rodeado de creatividad y belleza, eras la suerte en carne viva.

Recuerdo: Encuentro de Poetas en Nueva York. Por esos días andábamos inventándonos la rueda nuevamente, salimos en los periódicos, hicimos fiestas que duraban una semana, escribimos poemas colectivos, hicimos a gente viajar grandes distancias, conocimos a un poeta palestino a quien le publiqué unos poemas en un periódico del que luego me echaron porque los dueños eran judíos. Tu verbo generaba movimiento. Todos, de alguna manera, queríamos ser un poco como tú. Un montón de jovencitos artistas indocumentados en la ciudad de Nueva York, poetas full time en after hours, lavando platos o sirviendo mesas, con tal de vivir esa ciudad como se debe, en las cuatro calles del Lower East Side o las largas avenidas plurilingües de Queens, la Masalegre, mis veintitantos.

Recuerdo: Contigo aprendí que los edificios y los barrios también tienen su vida y su historia y van cambiando y se mueven de lugar y van a la guerra y ganan y pierden y se rompen y vuelven a crecer y cambian de valor y mueren o sobreviven. Oírte hablar era como caer en un encantamiento. No he conocido a nadie con tanta labia como tú. El cuento de los edificios ocupas del Lower East Side/Loisaida sigue siendo fascinante y conmovedor y no debe perderse en las borraduras oficiales de la historia de la ciudad. Aunque ahora, en los dosmiles, pueda desaparecer poco a poco, igual que desaparecieron de tu barrio los puertorriqueños de los setentas, los adictos a crack y heroína de los ochentas, entre los bares y cafés de moda y los estudiantes blancos de New York University que también van tomando los mismos edificios que te hicieron héroe de barrio en los noventas.

Recuerdo: Tu estado de ánimo era completamente estacional. Te marchitabas en invierno y te peleabas con todo el mundo. A mí me gustaba visitarte, aunque estuvieras de mal humor. Luego empezaban a florear los arbolitos escuálidos de la cuadra y se te enderezaba la espalda, tocabas la puerta de José Osorio, pintor de mujeres degolladas, para provocar una fiesta, salías a la calle a saludar a los perros del housing project de la calle 3, al mural conmemorativo de la muerte poética de Pedro Pietri, tu gran amigo. El número de tu casa era 3-D. Quisiera hacerte un mural conmemorativo como una película en tercera dimensión, con gafas especiales para mirarte los ojos vivos.

Recuerdo: Me gustaban las historias de tus vidas pasadas. Las tías de Cereté, tus tiempos de ladrón de calle, la oscuridad de las adicciones superadas, el bazuco colombiano, la isla de San Andrés, La Perla y el Viejo San Juan, las mujeres chinas que de pronto se asomaban en tus cuentos. Ni siquiera me importaba que en tu casa no hubiera calefacción en invierno o que el agua del fregadero siempre estuviera fría, con tal de escucharte contar historias otra vez. Eras como un gato y siempre caías en cuatro patas a pesar de la magnitud del accidente. Tal vez por eso te creí inmortal.

Recuerdo: La primera vez que me despedí de ti lo estaba abandonando todo, la puta ciudad, el novio bueno, el trabajo estable. Era diciembre del 2006. Me regalaste una semilla de mirto, el árbol de los poetas, decías, y me dijiste adiós con la mano desde el tercer piso del edificio. Yo bajaba las escaleras mareada. Lo que más iba a extrañar de la ciudad eras tú sentado en esa silla, fumando malboros, maldiciendo al invierno dentro de tus huesos, tosiendo como un loco. Esa tos era una sombra que te apretaba el pecho; se te estaba yendo la vida en esa tos.

Recuerdo: En el 2008 volví a Nueva York por unos meses. Fue un verano increíble. Alucinantes conciertos, proyectos creativos, reencuentros hermosos, playa, jazz y mucho sexo. Tanya me había prestado su estudio-palomar para vivir durante un mes, compré una bicicleta, iba a nadar a la piscina de Central Park. Tú te habías hecho ciudadano y empezabas a gozar de los humillantes privilegios del welfare “americano” entre oficinas médicas, HMOs. Lo bueno es que había harta comida en la nevera. Pasé varios días ayudándote a limpiar el polvo de tu casa. Era un tesoro de piratas. Objetos maravillosos por todas partes, fotografías, autógrafos, cartas, manuscritos, obras de arte amontonadas detrás de los armarios. Tu casa debería ser museo, pensé. Esa fue la segunda vez que me despedí de ti de la misma forma, bajando las escaleras con un enorme nudo en la garganta, diciéndole adiós con la mano al poster del Ché que recibía a la visita pegado en la parte de afuera de la puerta de tu casa. Hasta la victoria siempre, hasta la poesía siempre, hasta la próxima fiesta. Entonces creí que no te volvería a ver.

Recuerdo: Un año después me visitaste en el DF. La noche que llegaste, creo que era julio, se estaba yendo de mi vida para siempre el amante de la temporada. Yo lo somaticé con un terrible dolor de muelas. Elegí un dentista de mala muerte para sacarme el juicio de raíz. Fuiste conmigo, otra vez de la mano, y te sentaste, como un padre solidario, en la sala de espera. Fue una extracción dolorosísima. Después se me infectó la herida y nunca me recuperé completamente. Pero tú, que no salías de tu casa ni visitabas a nadie, habías salido de viaje. Eras el huésped más especial que abordó la nave 13, fue un gran honor tenerte en casa. Tu misión era buscar como un loco a alguien que conociera al hijo de Pachita, la curandera maestra de Alejandro Jodorowski. Los doctores ineptos y clasistas de Nueva York te tenían harto. Estabas, por fin, enamorado; por las noches, desde mi computadora, le cantabas a Tata canciones de amor. Esa fue la tercera vez que me despedí de ti, el último abrazo de carne y hueso que pudimos darnos. (El hijo de Pachita no apareció).

Recuerdo: Después hablamos en el chat un par de veces. Me advertiste que te quedaba poco, que la estabas viendo venir. Yo te creía inmortal, mi padre verdadero. Los poetas como tú no mueren nunca. Ahora está a punto de empezar la primavera y sólo puedo pensar en canciones que hablan del otoño, como esa de las flores muertas cantada en inglés por Edith Piaf, que escuché por primera vez en tu casa, esa casa sin lluvia de tantas primeras veces: And I’ll miss you most of all, my darling, when autum leaves start to fall

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Palabritas para Popo

Por Nicolas Linares

En mi vida, nunca había experimentado una crisis familiar como ésta. Ver a mi mamá, mis tías, mis hermanos y demás allegados (umbrelos todos) entregándose a la desdicha sólo podía tener una razón, tu despedida. Han pasado ya unos días y me siento mucho mejor, di lo que tenía por ambientar el vaquiné y la parranda que merecía una ocasión como ésta. Siento que dentro de mí ha muerto algo y se ha ido contigo, mas sin embargo siento una alegría, de esas especiales y mágicas de las que tú siempre hablabas y contabas, dentro de mí. Quiero decir que gracias a tí conocí a un ser excepcional, inigualable y tan original que lleva tu nombre: Ricardo León Peña-Villa.

Ricardo Viajero – Archivos de Mariela

Discúlpame Popo, pero es que nunca había tenido un guía de vida como lo fuiste vos y he tenido dificultades para recorrer en la memoria los últimos seis años. Llegaste en el momento que más lo necesitaba, me encontraba viviendo la soledad del inmigrante y tropezarme contigo fue una casualidad del destino de esas que sólo ocurren por caprichos oníricos. Reconozco tu mano en mis palabras, en el discurso, en mis escritos y acciones. Fue una noche de tertulia en D’antigua, Angelita me llevó y me dijo: “Nico, éste es el Poe”. A partir de ahí, creo fuimos inseparables. Tú me presentante a quienes son mi familia, José y Nanda, Natalia, Maiber, Luis y Diana, Nicole, Ángel, Elizabeth y David. Además, en las entrañas de tu casa, Umbrella House (que se convirtió en el comando central de operaciones), conocí a una cantidad de seres increíbles que de otra manera no hubieran sido concebidos. Por tí le profeso amor al tren F (y hace tiempo dejó de ser mi tren), donde pasamos tantas horas buscando que nos tomaran fotografías en las que siempre salíamos sonriendo y sin que las muchachas se dieran cuenta. Creo que lo nuestro fue amor a primera vista, yo traía la energía y tú la cabeza tibia, así terminábamos asistiendo a toda protesta que podíamos, que la conmemoración de la entrada de los EEUU a la R. Dominicana (y yo ni sabía que esos mancitos habían estado por allá), que por la guerra de Irak, que en solidaridad con las víctimas de no sé dónde, que contra las FARC, que contra los paracos y entonces nos vestimos de payasos, armábamos una pancarta en defensa de la poesía y fuimos a que nos tomaran más fotos, pues éramos los únicos que no gritábamos la cantaleta izquierdista, sino que hablábamos de amor; esa tarde mientras éramos vedettes de mitín político, llegó Julio Sánchez Cristo a entrevistarte, los marxistas furiosos pues nos habíamos robado el show. Ay Popo, de eso sí sabías. Por esa razón yo me sentaba calladito a escucharte las historias de cuando se metían al consulado a gritar “¡Porque la Revolución es Cultural!” y así como el resto del grupo que te escuchaba, me reventaba de la risa. Desde el principio te miraba como un héroe. No todos los días se tiene en frente a un revoltoso que hubiera tenido éxito y tu casa daba prueba de lo conseguido.

No todo fue protestas o fiestas (uy, que cantidad de fiestas en todo caso), pues de trabajo también nos la montamos; la remodelación de tu casa fue momento clave para demostrar lo que se había aprendido como obrero. Pero el trabajo que siempre disfruté a tu lado fue el trabajo poético, la tertulia interminable, la planeación de los eventos; yo siempre sentí que en una de esas cambiábamos el mundo de una vez por todas. Fui fiel a tu romanticismo, cómo no hacerlo después de ver las fotos del Nuyorican y escuchar las tantas del Viequetón y Tito Kayak. Así nacieron los maratones culturales, el primero de 24 horas y lo pasamos derechito, cuando acabó nuestros ojos yacían en lo más profundo de la cuenca, casi imperceptibles, pero bañados en gloria por la misión cumplida. La Masa Alegre, como integración de protesta poética, caminando por Jackson Heights o Manhattan, llenos de colores, tamboras y pancartas amorosas; parando en cada esquina a recitar un poema o improvisar uno en caso de que hiciera falta. El Encuentro de Poesía, que siempre ha dejado un sabor dulce, pues la integración fue una de tus características, eso define con mucha claridad lo que eras, pues Popo, tú eras muchos. Y cómo no hablar de la venta de libros, pues nos la pasábamos “resolviendo” y hay que aclarar que no hay mejor forma de pasar la crisis perpetua, que haciendo lo que a uno le gusta, eso siempre despertó la admiración de todos, y vos te parabas en la 37 de “Colombianheights” a vender el libro de turno: “Siga señora, el primer poema es gratis, aquí el autor” y si se resolvía, la coca-cola y la veladorcita pa’ tu mamá, el malboro medium y la pintica de red label. Además se pasaba la tarde entre conocidos, analizando la situación internacional y soñando, porque querido Popo, de eso sí sabías. Jugábamos al oráculo, lea donde caiga el dedo, y leíamos y se contaba un chiste y resolvíamos; que tipo pa’ tener la palabra fácil, Popo.

Ricardo Risueño – Archivos de Mariela

Te recuerdo con alegría, mi querido amigo. Supiste amalgamar los momentos tristes de tus amigos, porque siempre encontrabas a alguien que traía una cara escurrida y se iba con la sonrisa entre las orejas. No podré pensar nunca más en New York y no pensar en ti; en toda esquina tienes una historia, las anécdotas de Loisaida y Queens serán imposibles de olvidar. Además, me dejaste el mejor regalo que se le puede hacer a un ser humano: una familia. No me sorprendí al verte con la Tata, mujer maravillosa y fuerte, quien resolvió tus angustias de soledad. Ella es la monja de labios vírgenes que pediste para tu muerte. No me olvido de aquella Otra petición en SINASCO. No creo que te hayas enterado que la República que me ayudaste a fundar declaró semana de duelo y más aún te ha nombrado presidente ad honoris. Le pediré a Liriko que lleve un mugrecito tuyo a la luna; sé que te hubiera gustado estar allá, porque nosotros sí que teníamos asuntos con la luna y esas son cosas que no se pueden obviar, se nos va la vida en ello.

Espero que no te pidan visa en el cielo, porque dejaste el pasaporte en el 3D. Sin embargo, en Medellín, San Juan o Nueva York, hay una cantidad increíble de gente que está dispuesta a dar buenas razones de ti. Y si se niegan a recibirte, no dudo que entrarás por algún hueco y la lucha del Sudaca volverá a hacerse sentir, fuerte como la palabra puñal. Gracias por dejar mi vida llena de alegría y tantos amorosos alrededor.


Nicolas Linares
Colectivo “Poetas en Nueva York”
Ricardo Recuerdo - Archivos de Mariela
yo, poeta… y usted?

El Recuerdo León que ahora es astro

Por Elizabeth Torres

Amorosos
Los amorosos no se van.

Parece que ahora me toca a mí.

Hago un viaje en piloto automático para alejarme de todo. Me bajo del bus que no es, y camino despacito, porque todo me duele. Escondida en una ciudad tocaya me atrevo por fin a mirar hacia el cielo, me abraza su gris… el frío que hace hoy no me molesta. Por fin, de no se donde, he encontrado cojones para mirar las fotos, revisar el correo, leer los artículos. Que falleció el poeta, dicen unos. Que en el Beth Israel a las 11 y 55. Que su legado de letras y risas, dicen todos. El Man-hattan se vuelve recuerdo, y uno tan pálido, tan imbecil, tan incapaz  de ofrecer algo propio sin embadurnarlo de tristeza, sólo espera.

El martes me dijeron que el Poe iba mejorcito. Que respiraba mejor y que con sus ojos hacia travesuras, mientras le señalaba a su Tata y a mi David, que ya estaba aburrido de ese sitio, que quería irse con ellos. Yo andaba en casa de Andrea Tierra, así que Edmar Castañeda aprovecho para tocar el arpa, mientras ella y yo le botábamos besitos por teléfono. El jueves era mi turno para cuidarlo. Como tantos estaban yendo a visitarlo, tocaba tomar turnos. Aquí es cuando todo empieza a arder. La nostalgia que se me enredó cuando llegue a verlo, no me la quita nadie. No me la quitan. No.

En el 2000 y de la mano de la poesía, llegué con mi sombrero, mi inocencia enterita y mi fastidio de entrevistas y amarillismos, a la oficina de Ricardo en el Diario/La Prensa. Me miró con el asco de quien ya ha escuchado el cuento de la niña poeta y no quiere ser parte de semejante barbaridad, pero sin embargo cumple el papel de periodista y saluda. Si, llevaba la boina blanca y su bufanda naranja. Nos encerramos en un cuarto a conversar, y salimos abrazados y muertos de la risa, porque ahora éramos amigos. El articulo que escribió, me abrazaba con todo su eneyé. Decía: “Bienvenida a Nueva York, princesa de los poetas”. Porque así era el, coqueto y amoroso para todos. Exageración de amor, pienso ahora, que tantos se tapan las lagrimas para reír como el quería.

Después llegaron las visitas al 3D. Mis padres preocupados porque en la bohemia de ese sitio “la fumaban verde”, y no era el ambiente para un niño… pero igual siempre volvíamos. Tango nada mas miraba con nariz de rey, mientras Gajaka, José Osorio, Anita la española, y el sin fin de personajes, entraban uno por uno a otorgar sus historias, sus bailes, sus atrevimientos, al templo de vida que es su casa.

Venta de poemas y mamarrachos en plena primavera
El primer poema es gratis. (Venta de mamarrachos y tertulia improvisada) plena primavera.

Crecí y seguí volviendo a ver al Poe. A participar en los encuentros de nueva poesía en el jardín de St.Marks, y en todo lado. A vestirme de colores para la masa alegre. A compartir amor y verso en el Nuyorikan, en Julia de Burgos, en La Nacional, en Revolution Books, en cada esquina, en la emisora, en Terraza, en Rose, en todo lado. A improvisar borracha un poema, para ganarme un beso y un regaño, porque igual, yo los leía muy rápido y a él le sonaban mejor.  Hablar por messenger cuando estaba lejos. No olvidar la botella de red label y la cajita de marlboro, o un almuerzo de donde Adela, porque uno sabía que había que traer ofrendas, que las visitas eran largas, que la garganta iba a arder después de tanto desorden, pero que uno salía feliz y lleno de magia.

Yo me enamoré por primera vez ahí en umbrella. Todo lo que tuve antes fue un desperdicio de cuerpos y formalidades. En una de las sesiones de bohemia, llegaron con tambores, trago y guitarras… sólo recuerdo que abrí los ojos y estaba sentada en el piso, debajito del muchacho de pantalones rotos, canas, pelo largo y guitarra. Zaz! Flechazo inmediato. De repente estaba cantando y el Poe tomándonos fotos, y sonriendo. David, el mechudito, siguiendo la magia de la casa, me regalo un beso que aun me alegra los labios, y eso ya hace casi 4 años. -Ya se te acabo el amor? Preguntaba molestando el Poe siempre que yo decidía enredarme con otro, porque le encantaba verme sonrojar, tratar inútilmente de cambiarle el tema, dármelas de machita y ponerme a escribir en vez de hablar de desamores. Pícaro, confidente de David, me invitaba cada 8 días a su casa con cualquier excusa, para que el flaco y yo volviéramos a vernos, a bailarnos, a romantiquiar un rato. –Ustedes dos van a terminar juntos- le aseguraba con cara de brujo a él, mientras brindaban solos y se reían.

El jueves llegué tarde a nuestra cita, no a la 1 sino a las 4 de la tarde, porque el tiempo iba lento, el aire estaba espeso, y la lluvia me había emparamado las botas. Me toco arrastrarme hasta el séptimo piso. Dormía, solito. En la cama del hospital enredé un colibrí, porque él estaba esperando la primavera. En la pared ya no cabían mas notas deseosas de tenerlo de vuelta. Yo sabia que este jueves no era normal, porque se me había metido en un sueño a besarme la frente, como lo prometió una vez que nos quedamos bebiendo hasta por la mañana, escribiendo y hablando de qué y como íbamos a hacer para no llegar a viejos. Todo esto me sabe a mala broma.  No me la creo, no. En la feria del libro de Queens en Diciembre, nos sentamos a vender libritos toda la tarde, hasta que encontró una escoba, se subió en ella, y se fue entre carcajadas, para prender su cigarro. Nos peleamos un poquito, porque yo ya había dejado el cigarro y él (ñ) decía que quería otro. Me daba rabia pero me antojaba ser humo también. Ahora, que al amor ya lo había vuelto a encontrar, me tocaba llamar a la Tata y decirle que si venia corriendo, que porque los doctores no me daban información por no ser de la familia. Los doctores no saben que uno es familia de quien elige, y nosotros éramos hermanos desde siempre.

-Nanda Arias, libélula, ven corriendo! llama a José Osorio, dile que se venga de Colombia!- Todo en cámara lenta. Luego llegó David, con los ojos cansados y sin canción, más triste que nunca, como un niño extraviado.  Llegaron todos en la nochecita: La Nata, que venia a darle su besito de buenas noches…El Nico, callado y asustado, Andrea y Edmar, Ana, Miguel, la prima, la familia…después Diana y Luis, todos los que en la ausencia también nos acompañaban. Todo mundo llamando, mandando mensajes, rebozando la copa de la buena vibra. El resto todo es un mal sueño. Quiero arrancármelo porque mi Poe es más que los ojos nublados, las gotitas de rescate, el silencio absoluto, la espera interminable. Esa hojita larga que sale de la maquina cuando los doctores reviven a sus enfermos, salió con un poema en rayitas, y ahí fue cuando me rompí. Hasta en la despedida, de una u otra forma, escribía un verso.

Premio Poetas en NY (de vidrio, pero de oro). presentado por Gersain el pintor y Ricardo el poeta.

Parece que ahora me toca a mí. Decir adiós? Creí que éramos inmortales. Yerba mala nunca muere, me dijo una amiga cuando le conté que andabas como medio enfermito. Tocó reconocer que la inocencia se me fue. Que no soy de piedra ni de miel ni de río. Que tengo un canto triste enredadito en el cuello, el frío de sus manos en las mías, el gris que desde entonces pinta todo el cielo, el temblor que en este lado del mundo arrebata en oleadas de tristeza la calma de la ciudad que amaba. Ricardo León Peña-Villa, ahora veo a Manhattan con tus ojos, y todo lo amo el triple, todo lo veo tan mágico, tan hecho de poesía, de flores amarillas, de paisajes rotos… Parece que ahora me toca a mi,  reconocer que la muerte no es mas que un viaje tuyo a convertirte en astro. Jotica Arbelaez el nadaísta, me decía que eso hacen los poetas cuando se van.

Ahora todo es buscarte: En la noche, en las paredes, en Tata, en los amigos. A las 3 de la mañana en los pasos de la casa 3C-D y la luz anaranjada que le da vueltas a ella, ta ta tarara, ta ta tarara, Tata, Tata.. mientras suenan tus favoritas. Piazzola, Piaf, Los Lebron, Lavoe, La negra Sosa, Sabines y por supuesto, ‘Palabras para Julia’, que ahora es himno. En libros, en noticias, en callejones oscuros de recuerdos que no vuelven… Parece que ahora me toca a mí, esperar la primavera con tus ansias locas. Es mi turno de reconocer que permaneces, que eres, que habitas Nueva York de forma infinita.

Qué fortuna y que honor, mi Poe, celebrarte en la abundancia de amigos que te invocan. Despertarme envuelta en los brazos del hechicero que me presentaste, y verlo decirme amor, y saber que es verdad. Recoger los versos, las fotos, la boina verde que me regalaste, los te quiero susurrados al oido que ahora más que nunca resuenan en mi alma. Cada letra, cada abrazo, cada risa, volverlos armadura y así salir al mundo a celebrarte. No quería que fuera así. Pensé que nos íbamos todos a Paris. Cuando cerraste los ojos y pude entrar a besarte, mire hacia el cielo para ver si de pronto te encontraba volando por ahí todavía. Ahora quien me borra ese azul de los ojos?

Hace 15 años veo el 11:11 todos los días. Lo llevo en la piel como adorno de colores porque dicen que significa feliz encuentro. Hasta eso vuelves tuyo, Ricardo. Estas en todas las cosas… la hora, la fecha, el año, todos como el final perfecto de tu historia.  Ahora que también eres astro, querido Richard Lion Stone Village, hombre amor, Recuerdo León, Canción de Tata, sol de tantos…

Ahora que también eres astro, reposa tu voz en nuestra pluma.

P.S: Ya haces una falta de mil carajos.

Elizabeth Torres,

Marzo 14, 2011

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MEMORIAS DE UN INMIGRANTE

por Karol Rojas. 

Este es uno de esos textos que no se  pueden leer en todos los momentos. Cuando la muerte de quienes queremos trae recuerdos y vienen las lagrimas con ellos, sólo quedan el silencio y las letras. Hasta hoy respiró El Poe, pero quedan sus poesías.

11 de marzo de 2011.

La ciudad de la estatua de la libertad y de los rascacielos, el centro de los artistas y de los inmigrantes y la que han llamado la capital del mundo, es en este papel, el punto de llegada. Nueva York es una ciudad de cosas inadvertidas según Gay Talese. Esa ciudad donde se evaporaron un día las torres gemelas y donde alguna vez, Carlos Gardel protagonizó su película El día que me quieras, es la ciudad que además de hacer pasar inadvertidas sus cosas, hace pasar así a sus personajes y sus luchas.

Hay otra ciudad, una ya no con rascacielos ni estatua de la libertad, pero sí con montañas que se pierden entre las nubes. Una ciudad que no es el centro de los artistas o de los inmigrantes, sino el sitio al que van los desplazados de la violencia para buscar otra vida. La ciudad de la eterna primavera como la han nombrado, donde nació Fernando Botero y la que vio morir a Carlos Gardel, es en este papel el punto de partida. Medellín, la ciudad que tanto se ama, en la que tanto se sufre, y en la que tanto se muere, según Gonzalo Arango, deja escapar de entre sus brazos a sus hijos y a sus artistas. A ella todos llegan y de ella casi todos se van.

Estas dos ciudades, el punto de llegada y el punto de partida, una que casi siempre recibe y una de la que casi todos se van, son las ciudades, mujeres ambas, en las que permanece Ricardo León Peña-Villa. En una permanece desde la presencia y en la otra desde el recuerdo. A él le decimos El Poe. Es periodista como es periodista Gay Talese, es compositor como fue compositor Carlos Gardel, es pintor como es pintor Fernando Botero y es poeta como fue poeta Gonzalo Arango. El Poe es todo eso, pero diferente a todos ellos.

Él vino un día de abril a cantarle y a recitarle al mundo con sus luchas. Era el año de 1962, cuando doña Himelda Villa, sintió cómo su hijo, al que llamaría Ricardo, salía de su vientre. En el barrio Santa Lucía de Medellín, el punto de llegada, El Poe trazó sus primeros pasos y sus primeros trazos, mientras con su madre aprendía la poesía. Ricardo, nació en la ciudad que se ha llenado de tango sin importar que esté sobre Colombia y no sobre Argentina; al fin, aquí llegó a morir el mayor representante del bandoneón, la guitarra, las voces y los arrabales.

Entre poetas, Ricardo también aprendió sobre las letras. El escenario en el que se compartían las palabras y los poemas, era el taller de escritura que dirigía Manuel Mejía Vallejo, el escritor fabricante de juguetes, en la Biblioteca Pública Piloto. Cuando El Poe se fue, algunos de los amigos poetas y escritores permanecieron en la ciudad y en el recuerdo.

De la bella villa se marchó en la época en que se escuchaban disparos en cada esquina, en la época en la que nos conocían sólo por el capo Pablo Escobar y el peligro de las calles de los barrios populares. Entre todo eso creció El Poe, además de los rosarios y las misas que fueron tan cotidianas en esa época medellinense. Y también entre los poetas locos, bellos y bohemios a los que tanto temían las familias conservadoras de ese entonces y en los que se convirtieron muchos de sus hijos.

El Poe se fue hace casi veinte años a Nueva York, el punto de llegada. Una ciudad construida hacia arriba por sus edificios, llena de historias y cosas que no se advierten. Y fue Manhattan, uno de los distritos de la capital del mundo, quien lo vio llegar. En un edificio que está lleno de revoluciones y que se llama Umbrella House, vive el poeta desde 1992 entre gringos, latinos y personas de todas partes que también han llegado ahí después del viaje. No importa que Manhattan sea un distrito pequeño, allá también hay fronteras. Hay tres sectores y Ricardo vive en el bajo Manhattan. Su barrio, el Lower East Side.

Aunque su permanencia en la bella villa sea casi siempre desde el recuerdo y desde sus letras que trascienden las fronteras y llegan aquí, El Poe no deja de recorrer las calles de Medellín y los suelos de su patria colombiana, porque aquí aun permanecen los amigos de hace años. Cada tanto regresa para que viajen sus letras y regresen los recuerdos.

Lo conocí primero desde la virtualidad, porque alguna vez leí un poema suyo en el portal de otro amigo escritor que tenemos en común. Decidí contactarlo para conversar con él porque me interesaron sus revoluciones poéticas en el país donde se habla inglés, donde casi todas las personas trabajan por dos y donde se consume mucho. Su lucha, con otros latinos, es la poesía inmigrante.

Tras un click, apareció una foto de Ricardo León Peña-Villa con una boina blanca sobre su cabeza, el cabello un poco largo, un bigote corto y entre sus manos un micrófono. Después, una foto del Poe levantando las manos mientras recita un poema suyo, una donde sonríe al lado de su amada Tata Sánchez, una actriz de Medellín con la que se casó hace más de un año y otra donde está rodeado de sombrillas pintadas que pueblan casi toda su casa. Después de las fotos vendrían las palabras.

Tras algunos minutos, luego de poner los dedos sobre el teclado y saludarlo, El Poe, comenzó a hablar conmigo como si nos conociéramos de hace mucho tiempo. Hablamos sobre el periodismo, sobre lo que publicaba por esos días y sobre la forma en que vende sus libros para que sus palabras lleguen a muchos y que sus letras no dependan de alguna editorial que le diga qué se debe publicar y qué no. El Poe casi siempre vende sus obras en las calles de Lower East Side, las pone sobre una mesita y espera que algún transeúnte pase, se detenga entre sus líneas y le compre algunas.

Yo deseaba verlo a los ojos. Después de escribirnos durante meses, El Poe anunció su visita a Medellín para presentar el libro Gardel vive en Guarne.

—Bella, un día vas a verme a los ojos y podrás confiar más—, me decía El Poe alguna noche en la que hablábamos sobre esos poetas que buscan en las mujeres jóvenes, no lectoras sino amantes de una noche.

Próxima estación Suramericana. En un papel pequeño hay una dirección. Mis pasos dan dos vueltas a la misma manzana y aun no encuentro el número que coincida con los que están escritos en tinta azul. El Poe se quedaría en la casa de un par de amigos suyos, durante el tiempo en que estuviera en Medellín. Un hombre y una mujer que son pareja y que son en Ricardo de esos amigos para mucho tiempo.

Cuando suena el timbre se escucha ladrar un perro al parecer no muy pequeño. Me abre la puerta un hombre de barba negra y cabello largo que me pregunta si soy la mujer que viene a visitar a Ricardo. Le digo que sí y me hace pasar. Me dice que se llama Giovanni y que suba las escaleras. —Es el último cuarto a la derecha—. Giovanni, es antropólogo y también es un amigo de Ricardo que ha venido a visitarlo, eso lo sé por la conversación que tenemos después.

Mientras subo cada peldaño, voy escuchando las notas del bandoneón en un tango que sale del último cuarto a la derecha. Lo veo de espaldas sentado frente a un computador. —Poe, ya estoy aquí—, le digo mientras él se voltea hacia mí y me sonríe. Cuando lo veo, recuerdo aquella foto que vi de él al comienzo de todo esto; aunque esta tarde no tenga la boina blanca, Ricardo está igual al hombre de esa imagen de hace algunos meses. Después de saludarnos, salimos al balcón que da hacia el patio interno del primer piso de la casa. Me pregunta si encontré fácil la dirección y le cuento la historia. El Poe me ofrece un cigarrillo y le digo que no fumo, Giovanni sube las escaleras y se queda a nuestro lado. Él si fuma.

Mientras vemos desde arriba cómo en el primer piso crecen plantas y rodean las paredes blancas, conversamos de Nueva York, de los inmigrantes, de las culturas indígenas colombianas con las que ha trabajado Giovanni, de drogas y de poesía. El Poe cada tanto me mira a los ojos para asegurarse de que esté haciendo parte de la conversación. Yo casi siempre escucho y mientras eso voy asintiendo con los gestos.

—Por qué no bajamos a tomarnos un whisky, a escuchar tango y a conversar en el comedor—, nos dice El Poe a Giovanni y a mí después de haber permanecido de pie por un momento en el balcón. Bajamos las escaleras y el perro grande ya no me ladra, se acerca un poco a mí y se sienta sobre el piso debajo de la silla en la que estoy yo. —Tú no tomas whisky—, me dice El Poe frente a la mesa donde están las botellas, y me pregunta qué vino quiero.

Después de elegir el vino que quiero tomar, comienza a sonar una melodía de Piazzola. Ricardo permanece inmóvil mientras Giovanni y yo conversamos y luego dice que esas canciones de fondo son bellísimas y que a su lado escribe él. Continúan nuestras palabras y mientras tomamos cada gota de cada licor, El Poe dice que para ser periodista hay que leer mucho, haciendo referencia al oficio por el que yo comienzo a caminar y por el que él ya ha tenido muchos rumbos.

Lo vemos ponerse de pie, acercarse a una maleta y tomar un libro. Gardel vive en Guarne está en sus manos, toma un lapicero y escribe en las primeras páginas mientras nos dice que cuando escribió ese libro lo hizo con las melodías del tango al lado y que de igual modo hay que leerlo. Termina de escribir y me lo entrega. Los dos sonreímos y veo las letras que trazó El Poe y que dicen: Con la utopía viva en letras ¡Salud!

Me despido de Giovanni. Un hasta pronto para el poeta y la puerta se cierra. Ya casi comienza a oscurecer y en el camino de regreso ya no doy dos vueltas a la manzana. Transito con el libro azul entre la mochila, mientras en Medellín las personas comienzan a hacerse miles entre las calles y las farolas comienzan a encenderse.

Ahora ya no es tan difícil imaginar el apartamento 3D de Umbrella House, el edificio donde vive El Poe cuando no está en Medellín. Ahora no hay que esforzarse mucho para imaginar al Che en la puerta de su casa, los cuadros y las pinturas de Gardel en las paredes interiores, las letras escritas sobre los muros quizá con algún poema de sus amigos y las sombrillas que Ricardo pinta para poner en las escaleras y las ventanas del edificio cada 24 de mayo.

Umbrella House, es toda una historia de luchas y revoluciones. Cuando el Poe llegó al barrio Lower East Side, se encontró con cuarenta y cuatro edificios abandonados, con esas propiedades que abandona el Estado y con cientos de personas que tenían la necesidad de ocupar alguna de ellas. Umbrella House, es un edificio construido desde los enfrentamientos pacíficos con la policía de los Estados Unidos. Los que allá son azules y aquí son verdes. Un edificio construido por estudiantes, inmigrantes y artistas que tuvieron que soportar el frío y los ataques mientras construían lo que hoy es su casa. Ricardo dice en sus letras que esa revolución se ganó sin un tiro, “con todos los puños alzados, con todos los corazones unidos”.

Hoy El Poe vive en uno de esos edificios de Nueva York construido con ladrillos, de esos que tienen escaleras en el exterior. En un edificio que cada 24 de mayo se llena de sombrillas pintadas y que desde hace más de once años les recuerdan a sus ocupantes que cada centímetro de esa construcción colectiva es el más claro ejemplo de la revolución.

Entre esas paredes pintadas y escritas de su casa, Ricardo teje las palabras con tangos al lado, con la soledad del escritor en las noches y con los momentos llenos de vida bohemia al lado de sus amigos, esos con los que ha hecho poesía también y que hacen parte del movimiento Poetas de Nueva York, cantándole al mundo la poesía inmigrante.

El Poe se encarga de que sus historias y sus versos cuenten cada centímetro de la realidad y también se encarguen de crear mundos imaginarios. Sólo al él pudo ocurrírsele que Gardel no murió en el aeropuerto de Medellín y que el mayor representante del tango, decidió dejar su vida de fama y reconocimiento para vivir durante los años que le quedaran en una finca de Guarne, Antioquia.

Hablando de lo real, desde su lejanía física con ese país en sur al que él llama patria, Ricardo también escribe sobre eso que aquí nos rodea. Entre las líneas de su poema Patria boba no, loca, El Poe regresa a Colombia en el recuerdo y al final de sus líneas dice que ese poema no se aplaude pero se piensa. Así las historias reales y fantásticas van llegando a sus manos para que sean plasmadas en los papeles o en alguna sombrilla que diga entre sus letras lo que El Poe quiera dejarle a los transeúntes del Lower East Side o a sus lectores.

Ricardo León Peña-Villa ha hecho la revolución. Como escribe en algún poema, además de poder decir que Nueva York es de él, se puede decir que Medellín también, con su violencia, sus amores, sus muertes, sus teatros y su eterna primavera. La revolución en El Poe ha sido siempre el amor, el arte y las palabras. Y como él ha escrito: Digo y digan, que hice y hago revolución / desde el amor, desde la acción, desde el abrazo, / desde el perro más humano, Tango (y hablo por él) / desde la sonrisa a solas cuando pienso en mis amigos / y sus delirios creativos.

El Poe puede decir que Nueva York y las luchas son de él. Cada vez que regresa a algún lugar, los amigos han permanecido, siempre existe quien ponga las pupilas sobre sus letras y las recorra en la soledad de lector y aunque los lugares no siempre permanezcan iguales, los recuerdos hacen en él y en todos los suyos algo siempre presente.

Medellín y Nueva York, el barrio Santa Lucía y el barrio Lower East Side con su Umbrella House. El punto del que se parte y el punto al que se llega, son los rumbos en los que El Poe, deja tatuadas sus palabras de poeta, sus notas de compositor, sus pinturas sobre las sombrillas y sus palabras que son espejos reales como en el periodismo. Todo eso a su manera, lleno de sus revoluciones.

Antes y después de todo eso, lo que deja tatuado El Poe es la memoria. Así, como él dice su nombre “Ricardo como un recuerdo, León como una fiera, Peña como una piedra y Villa como una ciudad”, Ricardo León Peña-Villa, siempre se encarga de volver, no con la frente marchita como alguna vez cantó Carlos Gardel, sino lleno de presencias, de historias y de memorias.

______________y que viva la poesía_______________________

Solitud

Los días de lluvia
sale mi siquiatra a campear
por campos propios
a sabiendas de las filigranas, nudos y atares
en propiedad de hilador.
La dificultosa madeja tiene caminos
como la piedra de alma oculta
y hallada por el escultor que labra.

Los días de lluvia
las puntas de mis dedos
golpean mil veces mi pecho
y al final,
dolido de mi en mi
y hurgadas todas mis culpas,
me abrazo condolido
herido,
confeso y limpio.

Mahler me lleva a Billie Holiday,
ésta a Piazzolla y de éste, al tango del arrabal.
Ahí, terrenal y ebrio en el 2×4
canto mi pena al espejo
que antes confesé al altar.

El tango saca todo de mi
Lo oculto por los años
Y la flor en piel sensible,
El bandido y su memoria
Y el poeta acompasado en bandoneón.

Llueve y tengo soledad
Mas no canto el tango Tormenta
Pues aun tengo temores de Dios,
Sólo espero que amaine la tempestad de mi alma
Aunque soy también, feliz en la tristeza.

Y entonces, festivo y vital
Tendré una sinfónica en mí
Alegre, llena de sol.

© Ricardo León Peña-Villa

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Viajero de la palabra: palabra misma él

Por Manuel Tiberio Bermúdez

Nota ñ: Después de visitar a Caicedonia, Valle, Colombia, Manuel escribió esta nota -y ya hace tiempo-. 

Se llama Ricardo León Peña Villa, es nacido en Medellín y desde 1990 vive en la ciudad por todos ansiada: New York. Su vida está llena de historias y el mismo es una historia que vive. En la ciudad de los rascacielos ha liderado diferentes trabajos artísticos y sociales y es protagonista del movimiento Squatters, es decir, personas que se han tomado edificios abandonados en la ciudad de Nueva York y en el corazón mismo de la Gran Manzana : Manhattan.

Fue una historia difícil en la que la naturaleza casi se confabuló con la policía para sacarlos de esos edificios que convirtieron en sus casas de habitación: “En la primavera de 1989, los ocupantes del Umbrella House, uno de los edificios símbolos de esta batalla de conquista territorial, se pertrecharon en el interior del inmueble para impedir su demolición. “Estoy dispuesto a morir por mi casa”, versaba el cartel de uno de los inquilinos a través de su destartalada ventana. El edificio y sus ocupantes sobrevivieron la intentona” – dice una reseña periodística de esa lucha vivida y que hoy como resultado deja a Umbrella House, “recuperado, reconstruido con su trabajo y ahora propio”.

Ricardo León Peña Villa, llegó a Caicedonia invitado al III Encuentro Nacional e Internacional de Escritores por la Paz de Colombia y desde su arribo a la Centinela del Valle del Cauca, cautivó el corazón de los jóvenes de ese Municipio norte vallecaucano por su descomplicada alegría, por su personalidad, por sus palabras llenas de amor sincero, por su poesía que es testimonio de vida, de lucha, de reconocimiento a quienes quiere.

“Nueva York es un olvido, -dice- no hemos podido tener un líder allí que nos una. Está tan mal la comunidad colombiana allá, que hay partido liberal y conservador” dijo en un conversatorio que tituló “Pregunte lo que quiera sobre Nueva York para que no vaya”. “Nueva York es un destino muy duro, es un dolor por pagar cada vez, (y no es solamente esa, ciudad es cualquier ciudad que se escoja como exilio) y mientras uno paga los derechos de piso pasan los años y pasan muchas vidas por uno, y pasa mucho dolor. Nueva York, es una ciudad despiadada donde todos somos anónimos. Es una ciudad sin misericordia con nadie. Nueva York, es despiadado; estamos vindicados por un pasado de traqueteo, estamos señalados por ser muy ágiles para todas las trampas y yo lo he denominado en inglés “colombian thinking”.

“En Nueva York, los poemas –asegura Peña Villa- se empezaron a suceder como una necesidad ante el hambre”. Hoy el poeta que es Ricardo Peña Villa tiene publicados: “La poesía como recurso a la soledad en Nueva York”, “Tigre de Aries”, “Treintaitres” y “Decir New York: testigo propio” impreso en España por Ediciones Menchaca.

Ricardo León Peña Villa, es un viajero de la palabra; palabra misma él, soñador pero sobre todo un supervivens. Amigo de los sueños, amigo de las realidades, un hombre que busca con su palabra sembrar la ternura y que ama el hecho de vivir sobre todas las cosas.

TENGO UN TANGO

Muchas personas se intrigan de ver en la carátula de su libro “Decir New York: testigo propio”, la foto de un perro, sentado sobre una silla y posando como “un humano” para el fotógrafo David Troncoso. Interrogado sobre la razón de esta insólita portada el poeta Peña Villa cuenta: “Hace algún tiempo llego a mi apartamento en Nueva York un amigo Uruguayo con un perro hermoso más el argumento: “¿Te acordas que en una conversación me dijiste que un perro sería una excelente compañía para la soledad?…Mira, vos vivís solo…y me señaló el animal. Un perro –pensé- éste es el que me va a obligar a salir a buscar plata para la comida de él y a sacarlo a pasear. Me agaché, le tomé el hocico y le dije: -¿Usted quiere vivir conmigo? Su respuesta fue que me pasó la lengua de lado a lado de la cara. Le pregunte a mi amigo: ¿Bueno hermano y éste qué personaje es? Me extendió los certificados médicos, las vacunas y… se llamaba…Pig, que quiere decir marranito”.

“Le di la bienvenida al perro, entramos a la casa y le dije: Bueno hermano, los únicos animales que vamos a vivir en esta casa somos usted y yo. Usted se encarga de que no haya ratones ni cucarachas y yo me encargo de usted. El perro fue y dio una vuelta por el apartamento olió todo me miro y con su mirada me dijo: efectivamente aquí vamos a vivir los dos”.

“Le advertí de las amantes ocasionales, de mis amigos trasnochadores, me senté y le dije sin miramientos: ¡mire hermano, usted tiene un nombre tan pendejo que no lo resisto!…al fondo estaba sonando en ese momento Aníbal Troilo y entonces le dije: bueno hermano se va a llamar Tango y desde ese momento, es un perro muy especial, ha trabajado en cuatro películas, muchos pintores lo han pintado, recibe postales de todas partes del mundo, han hecho varios especiales de televisión sobre él y como le digo a quienes lo preguntan: es un perro con poeta propio”.

UN POETA QUE SIEMBRA AMOR

No es pose para ganar lisonjas, no es actitud para recibir aplausos, es el convencimiento desde su interioridad que lo mueve a ser un hombre que siembra y comparte el amor. En Caicedonia, fue sólo a leerle poesía a los reclusos, les contó que estaba acostumbrado a la soledad de la gran ciudad, les dijo que la responsabilidad de los poetas es el amor, que la palabra del escritor es libertad y que: “ustedes son unos varones que están respondiéndole a la sociedad por sus faltas y con la esperanza de que la puerta esté pronto para ustedes y que la libertad sea”.

Luego acompañado de un grupo de niños, que por primera vez iban a una cárcel, el poeta los llevó para que leyeran sus trabajos y también para que escucharan a los presos poetas que por primera vez daban a conocer sus escritos. A una pregunta de los niños de por qué ir a la cárcel a leerle a los presos les dijo que “es para que sean hombres y mujeres de bien en la vida, que no hagan nada que los vaya a llevar a prisión” y les explicó a los reclusos que esto también es educar.

Terminado el encuentro de Escritores, Ricardo León Peña Villa suscribió con los niños un documento que denominaron “Manifiesto desde la juventud” y en el que los jóvenes y niños de Caicedonia aseguran: “Hemos aprendido que si, que hay un futuro lleno de posibilidades y renunciamos a usar las armas”.

Ricardo León Peña Villa, recuerdo y ejemplo para la juventud de Caicedonia. Sembró la semilla del amor y dejó plantada la simiente del amor por la palabra y por el otro. Dejó sus versos que cuentan su historia en Nueva York donde transcurre su vida haciendo poesía, componiendo canciones, asumiendo causas sociales y regalando el amor a manos llenas para todo aquel que un día o una noche llega a esa casa que es santuario de los intelectuales: Umbrella House.

Hay versos que definen al hombre que es Peña Villa y sus vivencias en la tierra del recuerdo que son las torres gemelas: “En el tren 7 se pueden encontrar/ los personajes más bellos/ para un film sobre la tristeza/.

Sus añoranzas también hacen presencia en los versos de sus poemas: “De América extraño a Colombia/ de Colombia extraño a Medellín/ de Medellín, mi barrio Santa Lucía/ de mi barrio extraño mi calle/ de mi calle extraño mi casa/ de mi casa extraño a mi padre y a mi madre/ pero mi padre y mi madre ya no están/ ¿entonces que extraño?/ A mi hermano Iván/.

Ricardo León Peña Villa deja constancia de su paso por la gran ciudad de los rascacielos: “Digan cuando muera/ que New York fue mío, / Dejo la razón porque mientras lo vivo lo digo, lo siento/….”Digo y digan, que hice la revolución /desde el amor, desde la acción, desde el abrazo/ desde el perro mas humano, Tango (y hablo por él)/ desde la sonrisa a solas cuando pienso en mis amigos/ y sus delirios vivos.

El poeta recuerda lo que es y su pasado que queda diluido por los logros en su la ciudad que ama y vive y en donde ha conseguido varios premios de periodismo –cuatro para ser exactos- pero no borrado totalmente: “Soy hijo de una patria/ que ni siquiera lo sabe/ y de la cual cargo su nombre/como apodo en el exilio. / soy un poeta/ y eso es lo confesable/ porque adentro/ llevo un bandido…sin retirar/.

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Doctor ¿en que lado del cuerpo queda el amor? 


Se acaba una historia de amor
Y empieza una levitancia en la vida
E incólume ante la marejada
El poeta estoico espera el verso
Como confesión y breviario.

Una mano en despedida se erige
Como acto antes visto con leve variante,
Un cuadro copiado de la verdad
Es decir, el espejo a placer.

Bajo las costillas de la izquierda
Un dolor cala sin explicación
La sala de emergencias fue en vano
El amor no aparece en los rayos x.

Billy Holliday abraza la pena del solitario
y yo pregunto:
Doctor ¿en qué lado del cuerpo queda el amor?

R.L.P.V. 2008

———-y que se hable siempre, del amor —————————–

Carta al Poe

Por Natalia Aristizabal

Después

todas las cosas

los amigos los libros los fracasos

la angustia los veranos las tareas

enfermedades ocios confidencias

todo estaba marcado

todo iba

encaminado

ciego

rendido

hacia el lugar

donde ibas a pasar

para que lo encontraras

para que lo pisaras.

Idea Vilariño

Nada será igual

ésta casa

ésta ciudad

mi país

¡la poesía!

Te conocí buscando risas, burlándote de las palabras, resaltando la ñ.; siempre pensando en el amor y todas sus facetas, “la revolución es amorosa”, ¡sí! y la más efectiva la has creado tú. Sigues repartiendo amor como tu única verdad. Eres enhebrador de tantos hilos, que construye la red que ahora te celebra y extraña.

Recuerdo que me dijiste, antes de publicar un libro y tirarse al abismo, uno debe adueñarse primero de su libreta, luego de su escritorio, de su barrio, de su ciudad, y por ultimo del mundo. No sólo lo creías, sino que así lo hiciste. Cuántas noches de bohemia y tú estabas escribiendo el próximo texto, lo leías con nosotros y si no, nos enredabas con tus historias una y otra vez. Siempre alrededor de tu escritorio; arma de batalla y sueños.

Estoy alegre de haberte conocido al punto de saber el tono de tu voz al sonreirte , decir : “chacho”  como expresión de alivio y preocupación a la vez. Puedo verte dándote la bendición, luego mojarte los labios mirarme con picardía y preguntarme “¿qué secretos guardan las líneas de tus labios y a qué saben tus besos hoy?” No supiste la respuesta de esas dos preguntas entonces, hoy te puedo decir que guardan miedos, inquietudes, ideas que estaba por contarte, aventuras por descubrir y quería como en todas mis cosas tu apoyo.

Poe tienes de mí la más profunda admiración, cariño que un mentor pueda dejar a su pupila, que un padre a una hija, que un amigo a una de sus confidentes de vida, sueños y travesuras.

La verdad es que nadie debería llorar tu nombre (aparte de que escucho tu regaño cada vez que lo hago) por que siempre querías que estuviera sonriendo, bailando, nadie celebra mi baile como tu, fuiste el primero en decirme guerrera, cuando aún apenas salía de mi casa y no sabía qué hacer. Creíste en mí primero que yo. Por ti conocí tantos lados de la poesía, la poesía de México y en Medellín. Conocí sonrisas indefinidas, abrazos rompe huesos, hermandad de personas que vivieron sus vidas apartes y al encontrarse sabían que eran familia y así nos quedamos, abrazándonos, entendiéndonos, aceptando que por distintos o parecidos, nos unes tú. Eres nuestro apellido y con cuánto orgullo lo repito.

Seguiré caminando las calles que recorrimos. Umbrella seguirá siendo base nuestra en NY, tú nacerás cada primavera con las flores y en el otoño las hojas al caerse dirán tu nombre. Nos esconderemos juntos de los domingos y prenderé una velita a tu nombre como lo hacías con tu madre, iré a Santa Lucía y allí sembraré una plantita, al crecer le pondré tus iniciales, estarás en Manhattan, en Medellín, nosotros con Tata, tú en nuestros corazones.

Ahora mi gato me mira, no entiende los sonidos o líquidos que salen de mi rostro, ni tampoco yo…el nombre Ricardo León Peña Villa no se llora, se celebra, ¡se ama!

Recuerdo el día en que te conocí, Ricardo León

por Juan A. Moreno-Velázquez

Junto a Tango, tu fiel compañero…

Ayer, 8 de abril, celebrabas tu cumpleaños 49, las ironías del destino nos llevaron a rendirte un merecido tributo en tu ausencia, ya que anoche se cumplió un mes del comienzo de tu vacación al infinito.

Que gran actividad, música, poesía, y tus amigos que te recordaban, entre lágrimas y sonrisas como el héroe que fuiste para tantos.  El fiero Ricardo León, un hombre grande y, los grandes nunca mueren.

He de compartir aquí lo que hablé en tu tributo con el propósito de que mi sentir, gran amigo, no se pierda en las palabras que salen de un micrófono al aire, y luego se disipan en el espacio.  También quiero compartir esta historia con aquellos que no pudieron llegar anoche, pero admiraban tu obra y tu trabajo.

Siempre recuerdo la reunión en la oficina de Gerson Borrero, en los primeros momentos en que comencé a ejercer funciones como Editor de Espectáculos en el diario/LA PRENSA, recuerdo tus largos cabellos, tu conversación amena, y lo mucho que me hacías reír con tus comentarios, eras un personaje… tu pintoresca gesta me hacía pensar que estabas loco de atar, como se dice en tu amada Colombia.

Luego de la reunión, salimos caminando juntos hacia nuestros escritorios en la redacción sin saber que nuestras vidas estarían entrelazadas, en una manera u otra, desde aquél mismo primer instante.

Me parece que comenzamos con las orquestas cubanas en SOB´s, y luego me presentaste a las veladas poéticas en el Neoyorican, hasta que llegamos al Umbrella House, donde conocí a Gajaka, a José Ocasio, y por supuesto a  Tango, tu compañero en la soledad y el perro más conocido en la ciudad, el perro con poeta.

De inmediato nos encontramos en la vorágine del entretenimiento neoyorquino, en viajes a mi país, Puerto Rico y como el Quijote y Sancho comenzamos a pelear contra molinos, pero también en contra de gigantes.

Fue divertido, entre whiskies y cigarros nos reunimos con tanto talento, fueron tantas las tertulias entre artistas, músicos, políticos, en fin, tanto talento que se aglutinaba en tu entorno, todos compartiendo ideas para salvar a una insalvable humanidad.

En ese compartir, de segundo en minutos, en horas, en días, en semanas, en meses, en años y en el resto de nuestros días, conocí tu historia, desde las motonetas y metralletas en Medellín, hasta el sensible poeta, tallado a mano, del rústico diamante salido, un tiempo atrás, de tu Colombia.

Fue así que entendí tu locura, comprendiendo que eras un loco del amor, de la justicia, y de ayudar a los demás.  Vi como te uníste a la lucha por la liberación de mi gente en Vieques, y como eras hermano en tantas maneras diferentes. Un verdadero libertador, pana mío.

Nuestra gesta cambio la visión que en aquél momento llevaba el periódico hispano más antiguo de la ciudad y comenzamos a escribir no de lo que todos escribían, sino que tomamos el pulso y la dirección de la gesta citadina en esta gran ciudad, y comenzamos a buscar sigilosamente, como le dábamos la mano a los que tenían menos recursos pero grandes talentos.

Fue así como amigos del Umbrella House llegaron a las páginas del diario, con alguna regularidad, e incluso, el querido GAJAKA hizo sus pininos en la sección de cine, presentando las mejores reseñas que hayan adornado las páginas del conocido periódico en sus casi cien años de existencia.

Muchas de estas iniciativas partieron de tu visión y tu valentía, querido Quijote de la letra, cuando le arremetías a los molinos y a los gigantes, en busca de hacer justicia al talento en vez de al dinero.

Tuvimos una gran corrida, donde fuimos del norte al sur, del oeste al este, aunque siempre mucho más al ESTE, si a LOISAIDA en busca de las historias de nuestra gente y de nuestros países.

Nunca olvidaré la carcajada final de esta gesta en la prensa diaria, cuando sacaste la portada de LUGO, en ZONA ROSA a quiénes todos veían como el empleado de recepción, desconociendo el gran talento que ya nosotros habíamos encontrado.

La nota causó gran conmoción entre los ciegos, sordos y BOCONES, si, entre los gigantes faltos de visión, pero nos reivindicamos seis meses después, cuando ya no estábamos en LA PRENSA, tu escribiendo poemas, y yo persiguiendo la historia de La Lupe, mi primer libro.  Nunca olvido como bien decías, “escribe hasta que no quede nada adentro”, cuando el querido Lugo, el falto de reconocimiento empleado de recepción, ganó un premio Grammy, que mucho disfrutamos el triunfo sobre los gigantes.

Recordaré siempre nuestras conversaciones sobre la soledad, “me siento solo, muy solo”, me decías y con el tiempo llegué a entender que al balancearnos entre la soledad y el amor se fortalece nuestra capacidad creativa, y la creación proviene del amor.

Finalmente, al encontrar a Tata, encontraste al antídoto a tu soledad, y me alegró tanto el saber que siendo un ser que amaste tanto, encontraste tu alma gemela, y pudíste compartir, finalmente, el amor de pareja.

Esperaba verte en los próximos días para entregarte copia del libro MAELO…Hijo de Borikén, Rey de los Soneros, el cuál tanto anhelabas leer.  A un mes de tu partida se lo entrego a tu amada TATA, que finalmente llegué a conocer en este día en que recordamos tu amistad, tu siempre amplia sonrisa, tu valentía, tu hermandad, tu capacidad de liberar, y tu capacidad de AMAR.

Hasta pronto, hermano de la letra, hermano de tantas luchas, te recuerdo hoy, al igual que el primer día.  Abre el camino, que hay que seguir laborando.

Vuelvo y reitero, fuiste un hombre grande, de entereza, y los hombres grandes nunca mueren.

Que viva Ricardo León Peña Villa…

COMPARTAN ESTA NOTA CON AQUELLOS AMIGOS DE RICARDO QUE NO PUDIERON ASISTIR, COMO UN TRIBUTO POSTERO A SU MEMORIA.

Más sobre el poeta visitando a www.juanmorenovelazquez.com

rodeado de artísticas sombrillas, creador del sueño del Umbrella House…
*

¡Adiós, Poeta, mi hermano del alma! 


Autor: Elizabeth Mora Mass
19 de Marzo de 2011

Publicado en ElMundo.com haz click acá para ver el enlace.

“Soy un truhán, soy un señor, algo poeta y soñador (…) donde haya un buen vino tengo mi hogar”.

Nueva York-. “Ricardo acaba de morir”, dijo mi esposo, al responder al teléfono. Aunque El Poeta, como llamamos a Ricardo León Peña Villa, había tenido serios quebrantos de salud desde el año pasado, todos creíamos que se iba a recuperar para disfrutar la vida con La Tata, un regalo que le dio “El de Arriba”, que era la forma como llamaba a Dios.


Mi corazón se estremeció y las lágrimas brotaron a chorros. Se me había ido uno de los mejores amigos que he tenido. Mi confidente, editor, consejero y animador; una de las personas con quienes compartí triunfos y derrotas. Otro de los hijos putativos de mi madre (Ilse Frankle y Gilberto Alzate son los otros). Uno de los hermanos que me dio esta Babel de acero y vidrio y quizá la persona que más me ayudó a aprender a vivir lejos del mundanal ruido y a entender la envidia de algunos.


Fue un ser creativo por excelencia. Junto con Juan Salazar y Eduardo Márceles Daconte, impulsaron “Puerta 10”, el semillero de artistas hispanos de los 80s. Escritor, poeta, editor, director de La Eñe y Casa Tomada, dos de las mejores revistas en español que se han hecho en EEUU. Dirigente comunal—fue una de las figuras claves para sacar adelante el proyecto de la reconstrucción de los vecindarios abandonados del Bajo Manhattan. Una de las voces de protesta para sacar a la Marina de EEUU de la Isla de Vieques, en Puerto Rico. Impulsor de los poetas hispanos de la zona triestatal. Un enamorado de Nueva York que llevaba a Colombia en el corazón, al punto de ser hasta culebrero en Manhattan, para mostrar la riqueza cultural de nuestra patria ausente. Su libro “Nacho, la risa del inmigrante”, sobre las anécdotas del popular Nacho Martínez, es una obra para entender el Nueva York de los años 60s, 70s, 80s, 90s y 2000s.


¿Qué más puedo decir de El Poeta? Que era un amigazo y eso ya habla de lealtad, de principios, de respeto, en una comunidad donde la envidia impera y todo el mundo se hace daño. Además, era como la canción, “Soy un truhán, soy un señor, algo poeta y soñador (…) donde haya un buen vino tengo mi hogar”.


Su nobleza y generosidad son legendarias. Su casa era la de todos, incluyendo los poetas que venían a probar suerte en Nueva York—de hecho su competencia. La llamaba Umbrella House—Casa Sombrilla— “porque aquí hay un espacio, una copa y un plato para todo aquel que quiera llegar”, solía decir. El apartamento vivía lleno de gente: triunfadores, intelectuales, bohemios y hasta derrotados. “Lo único que no quiero a mi alrededor es gente pesimista y envidiosa. Hoy no tenemos, pero mañana es otro día y la vida hay que disfrutarla cada día”.


Se pasó la vida buscando oportunidades para sus amigos. Al mismo Nacho lo empujó para volver “La Tienda de Nacho”, un programa cotidiano. Cuando vio el aviso que anunciaba que andaban a la búsqueda de una actriz para interpretar a “Rosario Tijeras”, llamó de inmediato a Flora Martínez. “Este papel es pa’vos”, afirmó. De casualidad, ese día yo había ido a su casa a llevar los textos para “Casa Tomada”. “Ven, acompáñame a comprar una blusa roja para Flora”. Le compró el atuendo completo con el cual la actriz se presentó a la audición de “Rosario Tijeras” y se pasó tres días ensayando con ella. Cuando leyó que el Ministerio de Relaciones Exteriores quería hacer un libro sobre la diáspora, me dijo: “este es tu libro”.


El año pasado, fui a su casa para separar las notas finales del mencionado libro, “Los Colombianos de Estados Unidos”. El Poeta, el cónsul Francisco Noguera, la cónsul Adriana Aristizábal, Plinio Garrido, Mauricio Hernández, Carla Marrero, Mauricio Palacio, Nelson Franco, Luz Quintero y Hugo Cartagena, fueron quienes más me animaron en la idea. El Poeta dijo que él no podía cobrarme, pero que le llevara una bandeja paisa. La disfrutó mucho y separó la mitad para más tarde.


Cuando estábamos trabajando en la selección del material, llegó una persona que le había hecho daño en el pasado, al punto de intrigar para quitarle su empleo como lector oficial de libros—antes de enfermarse, El Poeta se estaba convirtiendo en uno de los mejores narradores de libros para casete e Internet—. “Pasa, que esta es tu casa”, afirmó invitándolo a entrar. El hombre entró y miró el plato. Sin decir una palabra, El Poeta le corrió una silla, le entregó los cubiertos y se limitó a decirle, “buen provecho”.


En una ocasión, una cantante que fue su novia—tuvo varias mujeres y todas lo adoraron—lo acusó de malgastar un dinero para organizarle una presentación. Por tal motivo, la relación se acabó. Pero, aun así, El Poeta nos llamó a todos los amigos periodistas, “para que le den una mano y le promuevan la presentación”.

¡Paz sobre su tumba!

——————————–

Ricardo León Peña-Villa y Marie Valera – Archivos de John Cebollero y familia.

Esclavos del vogeur

Ante una mujer desnuda Plena de ebriedad y viaje La escalera de Zeppeling sube y sube Pasa la noche. Un erotismo tardio niega el fin del cuerpo Como hilo de pecado Y los esclavos del vogeur Babeamos ante la danza Y la limosna de la medialuz.
!Ah! Imaginerias….

La media noche y mas
va haciendo sus estragos
Y perdida la cuenta de ellos
Permite en nosotros
Lo que la moral juzga
Ese horror que hablan de la bohemia
De las noches esas de los artistas.

Una rara aparicion nos toco hoy Y somos los que ganamos gastando el ojo En lo mental sobado en derrame

Una mujer libertina Es la locura de los provocados Lo mas cercano al pecado y placer La mano mas larga y el tactil en eros.

Esta noche de escandalo Es solo nuestra Y la histora del poema Es la imaginaria de quien lee.

La bohemia es cierta con su todo
Al igual que la decadencia
El erotismo inventado
Y el deseo fallido una vez mas.

en una noche de N,Y. y bohemia, Salud

R.L.Peña_Villa 04/13/07

_____________

CONTRA/ ELEGÍA
“¡Vendrán otros horribles trabajadores; comenzarán por los horizontes donde aquél se ha desplomado!»
(Rimbaud)Ah, Ricardo León, peregrino del día y ahora peregrino
…de la noche sin tiempo, emigrante del vasto territorio del sueño,
hondero de palabras ardientes como piedras sacadas del infierno
con las que te batiste en combate ante el mundo y su “fértil miseria”.
No te olvide ninguno en el salvaje estrépito de tu risa y tus pasos,
ni te borre la muerte en la que sigues vivo sujetando las sombras
como un gardel que vuelve y retoma en nosotros su rostro sin sudario.
No te ahogue el silencio con que anuda tu lengua el sol de los ausentes.
No te destruya nadie en la verdad que dejas clavada como un garfio
sobre nuestra memoria, ni rompan tus poemas como rojos paraguas,
blancos, verdes, azules abiertos en el viento
oxidado, infecundo de estos años terribles.
No te marchite el polvo, ni el rayo, ni el abismo
que concitan sus duras asechanzas en torno del corazón desnudo
de tus pobres amigos. No te lloren en vano
los perros de la calle, ni los niños que hieren con su dolor el aire
ligero de tu verde país entre montañas,
de tu ciudad que duele como herida incurable.
No devoren tus libros las ratas del olvido, no te detengas nunca
compañero en el viaje sagrado hacia los mundos que de niño soñaste.
Atrás queda la sangre, atrás queda la lágrima,
atrás queda la muerte vacía sin tu sombra,
porque en la poesía ella no tiene entrada.
Atrás queda la página entre las manos viva
lejanía que se abre donde tú la dejaste.

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2 responses to “Al Poeta

  1. Poe Parcero… como te extrano guevon… como te extrano.

    Frio, Soledad, Tango, Malboro medium, sello rojo, cocacola, y la ticapa pa la primera comunion..

    vamos vamos vamos que se va el tren se va el tren se va el tren
    ingeniero… vea los cueros, y no lo aprete tanto que el placer es fumar!

    Parce siempre te voy a querer muchisimo.

  2. Esta página es una cápsula que encierra muchos de los buenos momentos que vivió el poeta rebelde de Unbrella House. El cual fue parte de una revolución que se ganó sin un sólo disparo. Aquella revolución que, junto al Squatter Movement y las marchas de 1992, logró la reivindicación de los derechos de un grupo de soñadores marginados. Su contribución a la reconstrucción del sector de la C Avenue en Lower East Side, y su activismo ante el ayuntamiento, la banca, el NYPD y UHAB, son dignos de inspiración.

    Es curioso que muriera el mismo día del devastador tsunami del 11 de Marzo de 2011 en Japón. Lo que demuestra que los grandes espíritus sincronizan los grandes eventos de su vida (muerte) con los grandes eventos del microcosmos humano.

    No olvidaremos su melodiosa poesía, actitud generosa, espíritu guerrero, contestatario y progresista. Espero que, en el lugar donde está Ricardo, esté bien, sonriendo como solía hacer. Y su espíritu nos llevará a emprender la lucha que necesitamos dar para que la libertad sea, más que un discurso, una realidad para todos nosotros.

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